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10 septiembre 2017 7 10 /09 /septiembre /2017 06:52

He venido advirtiendo a lo largo de medio siglo que los planificadores del currículo de las carreras universitarias de formación de maestros y los administradores de éstas, han venido persistentemente militando en una noción más o menos borrosa acerca del grado de pertinencia que en ello ha de tener las materias de Filosofía. Aunque estos funcionarios han tenido alguna previsión de contemplar en los planes de estudio esta asignatura, no han contado cabalmente con la claridad conceptual que el asunto demanda. ¿Qué tipo de filosofía es la que más conviene desarrollar en estudiantes que pujan por recibir una formación pedagógica adecuada a sus dignas aspiraciones de ser educadores (y, en consecuencia, graduarse de Profesores o de Licenciados en Educación, mas no de –por ejemplo- Licenciados en Filosofía)? ¿Cuál es el perfil de los docentes que en la UPEL2 y en las Escuelas de Educación3, ejercen materias como “Filosofía de la Educación”, “Ética Profesional del Docente”, “Introducción a la Filosofía” y otras de esa misma factura? ¿Deben ser obligatorias o apenas deben existir como optativas?...

En el año 1966 yo era un muchacho de apenas 19 años. Cursaba en Caracas el segundo año de la carrera Educación en la UCV4. Recuerdo que los compañeros estudiantes que allí gozaban de más reconocimiento en materia de dirigencia, eran Luis Antonio Bigott y Luis Caraballo. También Víctor Guédez, Miguel Hernández. Dado que algunos de ellos tenían acceso a los Consejos de Escuela, pues no vacilaban en ofrecer a los estudiantes en general, informaciones valiosas acerca de la vida institucional de nuestra amada Escuela de Educación.

Por tal vía, me enteré un día cualquiera de ese convulsionado año (el cual prefiguraba la explosión denominada “la renovación universitaria del „68”5), que en ese órgano de deliberación académica se había planteado con algo de furor, el tema puntual del perfil que los docentes de esas materias de Filosofía, deberían tener claramente. Recuerdo que ya en tales tiempos reinaba la confusión, el claroscuro. Se había trazado la ingenua y polémica tradición de buscar este recurso, en la vecina Escuela de Filosofía (y en otras), pero más de uno de estos docentes “asimilados” fueron considerados por los inquietos estudiantes, como impropios para la función de formar educadores.

Con precocidad sosteníamos nosotros en esa mitad de los ‟60, que el perfil que tenían esos Licenciados en Filosofía trocados en docentes de nuestras específicas asignaturas de corte pedagógico, conformaba un cuadro que iba en contravía con la aspiración asumida, de formarnos como educadores. Nos dábamos cuenta que la formación que recibían nuestros condiscípulos de la vecina Escuela de Filosofía, estaba rara y curiosamente estigmatizada por una suerte de culto a la historia de pensadores europeos reconocidos occidentalmente como prestigiosos. Que, así como nosotros en tanto bachilleres optamos por la precisa carrera que alimentara nuestra sagrada vocación de ser maestros, los compañeros que decidieron estudiar la Licenciatura de Filosofía, en cambio, optaron por estudiar una carrera que tenía un fin diferente. Y ya en esas tempranas edades veíamos que tal finalidad estaba preñada de una sobredosis de honrar linealmente el trabajo teórico de pensadores europeos reconocidos en Occidente como “prestigiosos”; ello, a través de un estilo sincrónicamente historicista.

Recuerdo que tal sentir de nosotros los estudiantes, colocó en apuros al Maestro J. F. Reyes Baena, Director de la Escuela. Solía decirse en el contexto de este brazo de la Facultad de Humanidades (la Escuela de Educación), que el profesor Reyes Baena acudió al Pedagógico de Caracas a buscar docentes de la materia Ética; hallándolos. Aun así, la absurda impermeabilidad que en tales años asumían la UCV y el resto de las universidades, en aceptar en sus filas profesorales a los egresados de los dos Pedagógicos entonces existentes6, pues impidió que afloraran las soluciones efectivas.

Se hizo entonces un par de contactos de excepción, dentro de la misma Universidad Central. El primero, con un profesor (venezolano) de la inefable Escuela de Filosofía el cual se había doctorado recientemente en Europa y cultivaba entonces una línea filosófica la cual estaba impregnada de sentido pedagógico; a saber, la teoría del deber en Kant. Alberto Rosales (1931), su nombre. Como se sabe, el pensador prusiano en referencia (1724-1804) sostenía que el valor de la obligación moral tiene que ser ejercido plenamente sin que sea necesario en absoluto, interés adicional alguno. El deber hay que cumplirlo sin aspirar cosa alguna (recompensa, acción de agradecimiento, pago, etc.). El deber, de acuerdo a Kant, hay que cumplirlo porque hay que cumplirlo en sí. El segundo contacto se hizo con un profesor de la Escuela de Comunicación Social, Antonio Pascuali (ítalo-venezolano, 1929). Estaba gozando él de inmenso reconocimiento por un libro que había sacado a la luz en esos tiempos. “Comunicación y Cultura de Masas”.

Dentro de estos criterios en pugna, los estudiantes reconocimos si empacho que tanto el elemento que brilló en uno como el elemento que brilló en el otro, hicieron que aun no siendo docentes de profesión, desarrollaron exitosamente el rol de profesores de Ética en la Escuela de Educación en esos años de finales de los ‟60. Reconocimos, empero, que dentro de las limitaciones que la Escuela tenía en materia de recursos humanos para tales unidades curriculares, el viento batió coyunturalmente a favor de nuestras posiciones. Recuerdo que me tocó gratamente (y a lo largo de un año entero) leer, analizar y valorar, con la orientación pedagógica de Rosales, el libro “Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres” (de Kant, claro).

Cuando precisamente en el año 1968 llegan a nuestra UCV los revolucionarios aires del mayo francés e irrumpe en la ciudad universitaria la renovación académica, la Escuela de Educación establece, dentro de mil cosas, que las asignaturas de Filosofía debían expandirse al tiempo en el cual se inscribieran en los ideales propios de un profesional de la educación; tarea para la cual era necesario contar con docentes con formación pedagógica y, unido a ello, con formación filosófica.

Hay que decir que más adelante se conformó en el país una corporación, AISFORDOVE, la cual reiteró tal valor. Lamentablemente, tal organismo fue efímero… Asociación de Institutos Superiores de Formación Docente de Venezuela. Recordamos los esfuerzos que para ello, desarrollaron numerosos maestros; entre los cuales estuvo el profesor Feijoo Colomine Solarte, docente de nuestra Escuela de Educación.

La volatilidad (y el localismo) de la ucevista renovación académica del ‟68”; el lamentable y precoz desinflamiento de AISFORDOBE, y la falta de voluntad por parte de cada uno de los Institutos Pedagógicos y de las Escuelas de Educación, a lo largo del período que va de los años ‟70 hasta nuestros días, traza que la generalizada y difuminada valoración hacia esas materias de Filosofía (con cuya referencia hemos arrancado este escrito), no haya logrado a la luz de nuestros días, trascender el simple “sentido común” en cuanto a la problemática y, en consecuencia, no haya logrado en ello un status de claridad de fines (elemento teleológico-estratégico) y de claridad de procedimientos (elemento metódico-táctico). Tanto las Escuelas de Educación, como los ocho Institutos Pedagógicos que conforman hoy en día la UPEL, muestran hoy por hoy en el tema, una actitud de caminar a tientas.

Yo ingresé como profesor al Instituto Pedagógico de Barquisimeto en el año 1972. La primera Cátedra que como docente ordinario ejercí fue Filosofía Contemporánea; año 1974. El Licenciado en Educación Ramón León Ávila y los profesores Cruz Eduardo Campos y Oscar Barreto Díaz (egresados del Pedagógico de Caracas en la especialidad Filosofía y Ciencias de la Educación), dejándose virtuosamente llevar por la onda académica que en tales años había en el país y en Europa, de estudiar a Herbert Marcuse -en tanto faro ideológico del “Mayo Francés”-, acababan de crear con emoción tal asignatura. Me tocó estrenarla. Pude darme cuenta que el Instituto contaba además con las siguientes materias de factura filosófica… “Filosofía de la Educación”, “Pedagogía General”, “Orientación Vital”. Al poco tiempo, incorporaron otras… “Ética del Docente”, “Epistemología”… Casi todos sus docentes poseían el perfil de los recién referidos. De manera especial recuerdo al Prof. Gustavo Mujica Mujica7, recientemente fallecido.

Me preguntaba en vano acerca de lo que en el Pedagógico de Caracas estaban a la sazón haciendo sobre el asunto, los profesores Alejandro Togores, Ignacio Burk, Pedro Luis Díaz García y otros, Asimismo, lo que en la Escuela de Educación de la Universidad de Carabobo, estaban haciendo el profesor Teodoro Láscaris Comenio y su equipo. Lo que en la Escuela de Educación de la Universidad del Zulia, estaban haciendo los profesores Emilio Fereira, Ramón Casas García y otros. Reitero, en vano. La comunicación académica sobre el tema y sobre mil otros, en esos centros universitarios de formación de maestros, fue prácticamente nula.

En los presentes días del siglo XXI, no solo continúa la incomunicación entre todos y cada uno de los organismos universitarios de formación docente en la mayoría de los factores académicos. Continúa el temblequeo en el trabajo de integrar los estudios de cuño filosófico en términos de justeza proporcional en el currículo (unidades-crédito, etc.) y en términos del sentido fundamental de la propia existencia de estos estudios.

En esta titubeante tarea de hallar la razón de ser de estas materias en el proceso de formación docente, vienen participando una serie nutrida de subculturas cuyos contenidos valórico-ideológicos desarrollan fuerzas encontradas.

Como sabemos, el trabajo indagatorio y explicativo de la ciencia se desarrolla sobre objetos específicos, preponderando a final de cuentas, la verificación. Trazando este esfuerzo investigativo, es como ésta puede llegar (transhistóricamente) a la generalización… A la verdad provisional generalizada. La ciencia estudia no solo la realidad objetiva (fenomenaje natural y relaciones sociales), sino la unidad dialéctica pensamiento-lenguaje-emocionalidad (lo cual conforma complejamente la hominidad). La filosofía, en cambio, puede honrar o no, tal especificidad en la asunción del asunto; es decir, puede arrancar el estudio, transitando un tema fáctico, concreto, o puede hacerlo a tenor de un tema total. En todo caso, lo que prepondera en ello, no es la objetivación, la comprobación, sino la especulación en sí, la disquisición. Diría yo sin complejo… la fértil especulación; la fértil disquisición. Para la filosofía, lo central no es la verdad comprobada, sino la cavilación, la lucubración. Para el logro de la generalización, la ciencia necesita ineluctablemente de la filosofía; mas para la filosofía, el conocimiento científico puede resultar útil o puede no resultar útil. Para la metafísica (la cual es de suyo, filosofía), por ejemplo, lo científico no representa condicionamiento alguno. Yo diría más; le estorba. No así para la filosofía denominada teoría general de sistemas o para la filosofía denominada materialismo dialéctico-histórico. Para éstas, el conocimiento científico resulta correspondientemente una referencia condicional. Estimo que este rasgo que la filosofía tiene, de ser permeable a todos los objetos del hacer teórico, sin brida alguna que no sea la especulación, le da a quienes planifican y ejercen la docencia en materias filosóficas de cara a formar universitariamente maestros, el permiso (no siempre virtuoso) de:

- Asumir de una manera plana, el valor y los sentidos de pertinencia conceptual de los contenidos y objetivos instruccionales. No son excepcionales los casos en los cuales tanto los profesores como los estudiantes dejan de discernir tales factores pedagógicos en el currículo, connotándolos a todos, de manera gruesamente plana, toscamente igualitaria. Basta que un lote de contenidos y objetivos lleven consigo algún cuño “filosófico”, algún barniz “de filosofía”, para ser sujetos a ser declarados como “pertinentes”… Con estupor he visto cómo algunas universidades han contratado nerviosamente a abogados (y otros profesionales distintos a los que han hecho de la educación, su actividad central) para ejercer docencia en las asignaturas que nos ocupa… He advertido, así, cómo estos desprevenidos e impresionables funcionarios, suelen incurrir en este desvarío.

- Preferir la consideración de los llamados “filósofos europeos” de acuerdo a la tradición historicista y prestigiosista tan maneada por las convencionales Escuelas de Filosofía de nuestras Universidades, a despecho radical de tomar en cuenta referencias teóricas distintas. Tal y como lo señalé atrás, esto viene estando asociado a la participación de –más que todo- Licenciados en Filosofía, en la docencia de estas unidades curriculares en las Escuelas de Educación y en la UPEL. Debo dejar preventivamente claro que no es que subestime la importancia que en sí tiene el precitado rasgo de la formación que se imparte en las Escuelas de Filosofía, sino que el ordenamiento eidético que tal formación lleva consigo, no corresponde a la aspiración propia de la preparación magisterial.

- Militar excluyente y sesgadamente en corrientes pensamentales específicas. Vemos en ocasiones cómo se asume en estas materias, habida cuenta la permisividad aludida (el “todo vale filosófico”), el entubamiento mono-ideológico de corte religioso, de corte político-coyuntural, en fin. Si a la Cátedra llega como docente, un religioso fanático o un marxista empedernido, pues con asiduidad consideran uno y otro que está abonado el ambiente para la militancia monovidente, llevándose enredado en ello (aun con eventuales problemas), a los alumnos.

Bien… Pudiera citar otros extravíos… Quizá baste por ahora, los traídos a colación.

Los profesores jubilados que estamos transitando por la séptima década de vida, no siempre nos enteramos oportunamente de lo que ocurre en caliente en el medio universitario cuyo relieve transitamos vivamente en el pasado y deseamos seguir transitando (con la desventaja, por un lado, de las dolencias de la vejez, y con la ventaja, por otro, de la cualificación progresiva de la capacidad de hacer hermenéutica). Lo cierto es que recientemente me enteré que era hoy por hoy generalizado el criterio según el cual la duración de la carrera universitaria de la docencia, disminuía de cinco años, a cuatro. Inscrito en ello, las asignaturas que nos ocupa, habrían sido reducidas (por lo menos, en la UPEL) a dos… “Pensamiento Pedagógico-Filosófico” y “Sociedad y Educación”. A mi modo de ver, son tan simplones y generalistas estos títulos, que inducen a incurrir en todo lo que acabamos de significar, como desvaríos –para decir lo menos-.

Engarzando esta última situación con todo lo que he venido exponiendo en este escrito a título de crónica, de testimonios y de reflexión, se me ocurre hacer –para finalizar- unos misceláneos planteamientos de cara a proseguir en la compartida tarea de hallar pistas, filones, datos…

 Se hace necesario reconquistar espacio en el mapa propio del plan de estudios. La cobertura de dos asignaturas resulta exigua, muy exigua.

 Al tiempo en el cual deploro que se hayan provisionalmente perdido, materias referidas a la Filosofía del Conocimiento (Gnoseología), como por ejemplo Epistemología (rama de la Gnoseología la cual asume como objeto, puntualmente los problemas de la ciencia), pienso que se debe dar una lucha seria en plan de reconquistar el espacio aludido. En la formación docente, debe existir una unidad curricular la cual asuma una temática gnoseológica que satisfaga transhistóricamente la demanda que la Ley Orgánica de Educación de la República (con sus fallas y con sus suficiencias) establece con claridad en el Artículo 15… “(Es un fin de la educación) desarrollar la capacidad de abstracción y el pensamiento crítico mediante la formación en filosofía, lógica y matemática, con métodos innovadores que privilegien el aprendizaje desde la cotidianidad y la experiencia”.

A continuación, traigo a colación tres referencias sobre unidades curriculares las cuales pudieran honrar el asunto en cuestión; a saber: a) “Pensamiento Complejo” (el cual prepondere, a final de cuentas, la predicción con componentes matemáticos y sistémicos); b) “Lógicas Comparadas” (sobre todo, entre la analítica y la –actualizada- dialéctica); c) “Teoría del Conocimiento” (entiéndase, teoría general de la producción pensamental. Incluye la ciencia, la filosofía y la ideología) Es cuestión de preponderar una de estas materias…

 Como bien sabemos, el brazo disciplinario de la Filosofía en cuanto a la pléyade contradictoria, dinámica y hasta histórico-relativa de los valores ideológicos, es la Axiología. La Axiología es, así, la teoría crítica de los valores ideológicos. La Teleología, como también sabemos, es la sub-rama de la Axiología, la cual estudia el asunto del deber ser. Bien; ¿cómo es posible que el currículo de formación docente de nuestras universidades, no cuente hoy por hoy con una materia la cual haga suyo el puntual, complejo y alumbrante objeto de las nociones del bien y del mal (ética) y de las nociones de lo bello y lo feo (estética) en relación a lo educacional, o una asignatura la cual haga suya la temática de los fines del objeto en referencia?

Nuestra Constitución y la Ley Orgánica de Educación son de las más explícitas de todas a nivel internacional. Son tan explícitas que, a decir de muchos analistas, casi descienden a las otras instancias de la Pirámide de Kelsen. En cuanto a valores y fines, pues, esta Carta Magna y esta Ley Orgánica ofrecen tantas pistas para la discusión calificada, que son diáfanamente una referencia teórica de excepcional importancia. Permiten hacer relaciones complejas con modelos ideológicos y sociales más o menos análogos o con modelos ideológicos y sociales contrarios; ello en términos de contemporaneidad y de pasado histórico. Permiten calibrar los niveles de cumplimiento de los fines, al fragor de los hechos. Da pie a hacer referencias a pensamientos notables de filósofos, políticos, hacedores de estética, en fin. Resulta más fructuoso acudir a las referencias de personalidades y de teorías “filosóficamente prestigiosas” a tenor de las pulsiones cognitivas que ofrecen esos textos normativos, que al revés.

Propongo que se desarrolle sin demora, la asignatura “Axiología y Educación”.

Una de las bajas que tanto el Prof. Mujica Mujica como mi persona, lamentamos enormemente fue la desaparición de la materia “Ética del Docente”, a principios de los ‟90 (en el Pedagógico de Barquisimeto). Jamás la administramos a tenor de la decadente tradición de ver la ética docente-profesional como una suerte de “manual de buenas costumbres por parte del maestro”, sino como la teoría crítica de los valores aunados al ejercicio supremo de la docencia. ¡Cómo recuerdo lo fructuoso de la consideración crítica de textos como “Sadismo en la Enseñanza”!

Dos breves puntos para finalizar esta idea sobre la Axiología… Una. Propongo que se reconquiste en la UPEL (y se expanda) la Cátedra “Ética del Docente”. La otra… la referencia al Artículo 40 de la Ley Orgánica de Educación…

 “La carrera docente constituye el sistema integral de ingreso, promoción, permanencia y egreso de quien la ejerce en instituciones educativas oficiales y privadas. En los niveles desde inicial hasta media, responde a criterios de evaluación integral de mérito académico y desempeño ético, social y educativo, de conformidad con lo establecido en la Constitución de la República. Tendrán acceso a la carrera docente quienes sean profesionales de la docencia, siendo considerados como tales los que posean el título correspondiente otorgado por instituciones de educación universitaria para formar docentes. Una ley especial regulará la carrera docente y la particularidad de los pueblos indígenas”. (Resaltado nuestro).

 En los textos de las dos últimas Constituciones y de las dos últimas Leyes Orgánicas de Educación, ha resultado perspicazmente reiterativo el planteamiento de Don Simón Rodríguez, de, por un lado, diferenciar lo que es instrucción de lo que es educación, y por otro, caracterizar la educación con el desarrollo libre de la personalidad.

Veamos lo que dice la Constitución de 1999…

 “Toda persona tiene derecho al libre desenvolvimiento de su personalidad, sin más limitaciones que las que derivan del derecho de las demás y del orden público y social”. Artículo 20. (Resaltado nuestro).

 “La educación es un derecho humano y un deber social fundamental, es democrática, gratuita y obligatoria. El Estado la asumirá como función indeclinable y de máximo interés en todos sus niveles y modalidades, y como instrumento del conocimiento científico, humanístico y tecnológico al servicio de la sociedad. La educación es un servicio público y está fundamentada en el respeto a todas las corrientes del pensamiento, con la finalidad de desarrollar el potencial creativo de cada ser humano y el pleno ejercicio de su personalidad en una sociedad democrática basada en la valoración ética del trabajo y en la participación activa, consciente y solidaria en los procesos de transformación social, consustanciados con los valores de la identidad nacional y con una visión latinoamericana y universal. El Estado, con la participación de las familias y la sociedad, promoverá el proceso de educación ciudadana, de acuerdo con los principios contenidos en esta Constitución y en la ley”. Artículo 102. (Resaltado nuestro).

Veamos lo que dice la vigente Ley Orgánica de Educación (Artículo 4)…

 “La educación como derecho humano y deber social fundamental orientada al desarrollo del potencial creativo de cada ser humano en condiciones históricamente determinadas, constituye el eje central en la creación, transmisión y reproducción de las diversas manifestaciones y valores culturales, invenciones, expresiones, representaciones y características propias para apreciar, asumir y transformar la realidad. (…)”. (Resaltado nuestro).

Soy del criterio que se debe contar con una unidad curricular la cual asuma el estudio de la relación educación-personalidad humana. Reitero, en 1972 la ilustre profesora Mirian Lara Urdaneta desarrollaba magistralmente la Cátedra “Orientación Vital”, en el entonces Instituto Pedagógico Experimental (IPE, Barquisimeto) enraizando así una referencia histórica a valorar. Una Cátedra como la propuesta aquí, convocaría a profesionales de la docencia, con estudios en Orientación, en Psicología, en Filosofía…

¡Permitamos, pues, que la filosofía haga lo suyo en la formación de los maestros de Venezuela, quitando del camino tantos escollos cognicidas! Presiento que podremos.

NOTAS DISCIPLINARIAS FINALES:

El collage que inicia este escrito, fue hecho sobre tres insumos iconográficos…

Libros: www.istockphoto.com/photo/stack-of-books-gm507311349-45247510?irgwc=1&esource=AFF_IS_IR_SP_FreeDigitalPhotos_278806&asid=FreeDigitalPhotos&cid=IS

Pizarrón: http://www.freedigitalphotos.net/images/jubilant-little-girl-in-school-uniform-photo-p209564

Búho: http://www.istockphoto.com/vector/vector-image-of-an-owl-on-white-background-gm481521028-69281939?irgwc=1&esource=AFF_IS_IR_SP_FreeDigitalPhotos_278806&asid=FreeDigitalPhotos&cid=IS

Las fotos de las páginas 3 y 5, provienen de la Oficina de Prensa UPEL IPB.

La foto de la página 4 proviene de: http://2.bp.blogspot.com/_vkYqDql2fC0/TSkAKysqUpI/AAAAAAAABRY/Vz_iRB_Ya20/s1600/UCV+Allanan+2.jpg

REFERENCIAS

1 Profesor Titular de la UPEL. Doctor en Ciencias Sociales (UCV). Ha hecho estudios avanzados en la Academia de Filosofía de la RPD de Corea. http://alexandermoreno-filosofia.blogspot.com/

2 Universidad Pedagógica Experimental Libertador. https://es.wikipedia.org/wiki/Universidad_Pedag%C3%B3gica_Experimental_Libertador

3 También en la Facultad de Educación de la Universidad de Carabobo.

4 Universidad Central de Venezuela. http://www.ucv.ve/

5 cfr. http://divergences.be/spip.php?article998

6 El de Caracas (fundado en 1936) y el de Barquisimeto (fundado en 1959).

Prof. J. F. Reyes Baena

7 Sobre el Prof. Mujica Mujica, acceder… https://drive.google.com/open?id=0BwOuJOr3dPdPREx2TlNmS2tocGc

 

 

 

 

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