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24 mayo 2012 4 24 /05 /mayo /2012 07:09

El mes de abril de 2010 trajo consigo el inicio de la celebración del bicentenario al conmemorar el comienzo del proceso de ruptura del vínculo colonial entre los países hispanoamericanos y la metrópoli española, a partir de los sucesos del 19 de abril de 1810 en Caracas. El sistema colonial español en América se agotaba lenta y progresivamente; el desarrollo de la Revolución Industrial y de la Revolución Francesa con el consecuente fin del “antiguo régimen”, el ascenso social de la Burguesía y el inicio del desarrollo del Capitalismo conspiran contra su supervivencia.

 

Para el siglo XVIII, dentro del orden colonial, se ha conformado una clase social dominante con elementos definitorios desde el punto de vista económico, social, político y psicológico. Grupo que descarga sobre el negro todo el peso de sus prejuicios raciales; parados en la sólida base de una enorme riqueza acumulada, en un proceso gradual, al amparo de Estado metropolitano. El español y su descendiente más o menos puro, el blanco criollo, se colocan en el vértice de la sociedad colonial, gozando de todos los privilegios, derechos y prerrogativas. Conforman un grupo cerrado, elitista, endogámico, que no se conforma con poseer riquezas, sino que acumula signos exteriores visibles de su poder, que le dan verdadero carácter de Nobleza Criolla; vive obsesionada por una dudosa “limpieza de sangre”, considerando el origen profundamente mezclado de los españoles, suerte de extraña combinación entre habitantes autóctonos de la península, con fenicios, cartagineses, griegos, romanos, invasores bárbaros, árabes, judíos, etc.

Aristocracia Terrateniente Esclavista, Aristocracia Municipal, oligarquía tiránica y opresora en las ciudades de Venezuela, atrincherada en los cabildos cuyos cargos monopolizan, constituía una casta más que una clase, es la poseedora, casi exclusiva, de la ilustración. La única que tiene el raro privilegio de instruirse. Encomenderos, dueños de tierras y esclavos de manera casi exclusiva, son los rectores del proceso económico colonial y mantienen un carácter violentamente discriminatorio. La sociedad colonial en su conjunto sostiene un inestable equilibrio, producto de la acción del poder metropolitano, que se ve alterado a partir de los sucesos extraordinarios que conducen al 19 de abril de 1810.

Estos sucesos extraordinarios, entre otros, son: La invasión francesa de España y la subsiguiente guerra de independencia española 1808-1813, el cautiverio de los reyes Carlos IV y Fernando VII y las posteriores Abdicaciones de Bayona, hasta el regreso a España del último de los mencionados en marzo de 1814, el reinado en España de José I Bonaparte, la declaración de nulidad de las abdicaciones de Bayona por parte del Consejo de Castilla, la creación y funcionamiento de la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino del 25 de septiembre de 1808 al 30 de enero de 1810, fecha en la cual se disolvió después de crear el Consejo de Regencia de España e Indias, integrado por cinco miembros, como titulares muy cuestionados de una soberanía bastante problemática.

El 19 de abril de 1810, producto de la correlación de los diversos hechos históricos ocurridos, la Aristocracia Terrateniente como clase social madura, con clara “conciencia en sí y para sí”, decide actuar sola y asumir el control político, después de la renuncia forzada del Capitán General Don Vicente Emparan; a través de la creación de la Junta Suprema Conservadora de los Derechos del Rey Don Fernando VII, nombrada por el Cabildo de Caracas y ampliada con “representación popular”; en virtud de los antecedentes coloniales que posibilitaban el ejercicio del mando supremo a los cabildos en ausencia del Capitán General. En 1808, los invasores franceses habían nombrado a Emparan Capitán General de Venezuela, quien sin embargo jura fidelidad al Rey Don Fernando VII siendo ratificado su nombramiento por la Junta Central Gubernativa del Reino, llegó a Venezuela en mayo de 1809.

Laureano Vallenilla Lanz considera que en todo el proceso justificativo de la ruptura del vínculo colonial, debe verse la pugna de la Nobleza Criolla contra las autoridades metropolitanas, la lucha de los propietarios territoriales contra el monopolio comercial, la brega por la dominación absoluta entablada desde hace mucho tiempo atrás por aquella clase social poderosa y absorbente, que con razón se creía dueña exclusiva de esta tierra descubierta, conquistada, colonizada, cultivada por sus antepasados. Bolívar, Ribas, Mariño, Plaza, Montilla, Salom y demás caudillos de la emancipación nacional provienen de la Nobleza Criolla pero por formación ideológica y sentimientos patrióticos estaban por encima de los mezquinos intereses de su clase. Especialmente Simón Bolívar, adelantado a su tiempo, logra captar con precisión el pulso de los momentos históricos en los cuales les toca vivir, al comprender que para las clases populares y explotadas, el programa de la Guerra Nacional de Independencia, además de este objetivo, se debe identificar con dos realizaciones democráticas revolucionarias: la abolición de la esclavitud y la entrega de tierras a los desposeídos

Así la Guerra Nacional de Independencia de Venezuela se desarrolla por diez años, de forma cruenta, con un marcado carácter civil y social, combinando la liquidación del sistema colonial con el intento de liquidación del orden colonial; fundiendo dinámicamente lo político con lo social igualitario.  

 La Junta Suprema de Caracas fue la institución que gobernó la Capitanía General de Venezuela tras la renuncia forzada del Capitán General Vicente Emparan el 19 de abril de 1810 hasta el 2 de marzo de 1811, cuando se instala el primer congreso constituyente.

 

Inmediatamente comienzan a tomar control de los cuarteles de la ciudad y a asegurar el apoyo de las provincias a la junta. Tras haber asegurado el apoyo militar con la designación de comandantes favorables a la Junta, designa el 25 de abril la Junta Suprema de Gobierno que la integran con derecho de palabra y voto: José de las Llamozas; Martín Tovar Ponte; Feliciano Palacios; Nicolás de Castro; Juan Pablo Ayala; José Cortés de Madariaga; José Hilario Mora; Isidoro Antonio López Méndez; Francisco José Ribas; Rafael González; Valentín de Ribas; José Félix Sosa; Juan Germán Roscio; Juan de Ascanio; Pablo Nicolás González; Francisco Javier de Ustáriz; Silvestre Tovar Liendo; Nicolás Anzola; José Félix Ribas; Fernando Key Muñoz; Lino de Clemente; José María Blanco y Dionisio Palacios. Como secretarios de la Junta son nombrados José Tomás Santana y Casiano Bezares.

Ese mismo día la Junta de Gobierno designa los encargados de los distintos despachos: Juan Germán Roscio para Relaciones Exteriores, Nicolás Anzola en Gracia y Justicia, Hacienda a Fernando Key Muñoz y para Guerra y Marina Lino de Clemente. Igualmente se constituye un Tribunal Superior de Apelaciones presidido por el Marqués de Casa León y los ministros José Bernabé Díaz; José María Ramírez; Bartolomé Ascanio y Felipe Fermín Paúl.

Constituido el gobierno, la Junta procuro la adhesión de las provincias al movimiento. La Junta consigue pronunciamientos favorables en Cumaná y Barcelona el 27 de abril, Margarita el 4 de mayo, Barinas el 5 de mayo, Mérida el 16 de septiembre y Trujillo el 9 de octubre. Guayana se pronuncia el 11 de mayo a favor de la Junta pero al tener conocimiento el 3 de junio de la instalación en España del Consejo de Regencia reconoce a este como legítimo y se aleja de la revolución caraqueña.

Coro y Maracaibo desde el primer momento permanecieron fieles a la monarquía española. En el caso de Coro prevalecieron para su actitud negativa, entre otras razones locales, su vieja y nunca ocultada rivalidad con Caracas, que arrancaba desde el propio siglo XVI cuando el gobernador Juan de Pimentel traslada la capital provincial a la recién fundada Santiago de León, rivalidad que se acentuará luego cuando en 1637 deja de ser cabeza de la Iglesia al trasladar el obispo Juan López Agurto de la Mata la catedral a Caracas. Los mantuanos de Coro pensaron, ingenuamente, que al declarar su lealtad a Fernando VII, éste les devolvería, como premio, su primitiva condición de capital nacional. El caso de Maracaibo fue algo distinto, esta provincia siempre se consideró más ligada, por intereses comerciales y aun políticos, al virreinato de Santa Fe. No hay que olvidar que al constituirse la capitanía general de Venezuela en 1777, Maracaibo se dirige al rey Carlos III pidiéndole se le mantenga adscrita a Santa Fe, petición que no fue atendida. La situación de Maracaibo se complica al declarar la Regencia de España «vasallos rebeldes» a todos los que se habían pronunciado a favor de la Junta de Caracas, designando al gobernador de Maracaibo Fernando Mijares, capitán general de Venezuela y ordenando el bloqueo de las costas de las provincias rebeldes.

El bloqueo de las costas, ordenado por la Regencia y ejecutado desde Puerto Rico, Santo Domingo, Cuba, Coro y Maracaibo, interrumpió el comercio exterior, paralizándose con él, al sector dinámico de la economía, lo cual impuso una importante escasez de productos y de dinero circulante

Una de las primeras medidas de la Junta tras conseguir el respaldo de las seis provincias fue enviar misiones diplomáticas al extranjero para solicitar apoyo a la revolución y el reconocimiento de la Junta Suprema de Caracas como la legítima regidora de Venezuela en ausencia del Rey. A Londres fueron enviados Simón Bolívar y Luis López Méndez con Andrés Bello como secretario, los cuales salieron de La Guaira a principios de junio de 1810. A los Estados Unidos de América van Juan Vicente Bolívar Palacios, hermano del Libertador, José Rafael Revenga y Telésforo Orea quienes obtienen cierto éxito en interesar al gobierno de dicho país en prestar apoyo a la Junta. Vicente Salias y Mariano Montilla parten para Curazao, Jamaica y otras islas inglesas en el mar Caribe. Para Nueva Granada José Cortés de Madariaga y para Trinidad Casiano de Medranda.

El 14 de agosto la junta mediante una serie de decretos abole el comercio de esclavos, crea la Sociedad Patriótica y suprime los impuestos de exportación a los productos agropecuarios.

La Junta Suprema gobernó desde el 19 de abril de 1810 hasta el 2 de marzo de 1811. En esta última fecha se instaló el Primer Congreso de las Provincias Venezolanas, ante el cual declinó la Junta sus poderes, pasando a ser Junta Provincial de Caracas. Fue un gobierno provisional, surgido de los sucesos del 19 de abril. Actuó durante poco menos de un año; y fue un gobierno de transición, no independiente, pero si autónomo. Realizó una labor positiva: llevó a cabo reformas en el orden interno; trató de unificar las provincias y reforzar su autonomía; e hizo gestiones en el exterior para obtener la solidaridad de las otras colonias y la ayuda y reconocimiento de las naciones extranjeras. EI carácter de este gobierno "conservador de los derechos de Fernando VII" no le permitía ir más allá de la autonomía que se había proclamado el 19 de abril. Por esa razón, la Junta resolvió convocar a elecciones e instalar un Congreso Nacional que decidiera la suerte futura de las provincias venezolanas.

En una proclama firmada el día 20 de abril de 1810 por los 2 presidentes de la Junta Suprema de Gobierno, Martín Tovar Ponte y José de las Llamozas (que hasta el día 19 habían sido alcaldes del Cabildo de Caracas) se informaba a los «habitantes de las Provincias Unidas de Venezuela» que se les llamaría oportunamente a tomar parte en el ejercicio de la suprema autoridad con proporción al número de individuos de cada provincia, aunque sin mencionar la palabra «congreso».

La Junta Suprema convocó a elecciones para reunir un Congreso General de las Provincias que decidiera la suerte futura del gobierno. La convocatoria a elecciones fue la medida de mayor trascendencia política de la Junta, pues aseguró la transformación del gobierno de facto en un régimen constitucional independiente.

La convocatoria fue hecha en junio, y las elecciones se practicaron en octubre de 1810. Estas era de dos grados: en las primarias votaban todos los varones libres, mayores de 25 años (o mayores de 21 si estaban casados), que tuviesen domicilio fijo («casa abierta y poblada») o fueran por lo menos propietarios de 2.000 pesos en bienes muebles o raíces. Esto, además de las habituales exclusiones de los dementes, los vagos, los encausados, los extranjeros, los transeúntes, los deudores al erario público, los sordomudos y otros similares, excluía a los esclavos, a las mujeres, a los peones y conuqueros y a los asalariados que vivían en casa de su patrono. Los votos, en esas elecciones primarias, se expresaban mediante una papeleta escrita y firmada por el votante, pero los analfabetas podían hacerlo verbalmente. Las personas que obtenían la mayoría en esas elecciones, a quienes se denominaba «electores parroquiales», se reunían posteriormente en las capitales de sus respectivas jurisdicciones para elegir, en segundo grado, a los diputados al Congreso. Todo este proceso se llevó a cabo entre octubre de 1810 y enero de 1811, aunque en algunos lugares se retrasó algo más. De esta manera, vino a resultar un Congreso formado en su totalidad por representantes de la aristocracia criolla. Por eso, aquel cuerpo no pudo llevar a cabo transformaciones radicales en el orden social o económico, y sólo realizó el cambio político que convenía a la nobleza territorial.

El reglamento dispuso, además, que las elecciones se hicieran en dos grados: primero, los votantes nombraban a los electores de la parroquia; y luego, estos electores, reunidos en asamblea electoral en la capital de la provincia, designaban los representantes al Congreso, a razón de un diputado por cada 20.000 habitantes. Practicadas las elecciones, resultaron elegidos 44 diputados, los cuales se instalaron en Congreso en Caracas, el 2 de marzo de 1811. Las provincias estuvieron representadas así: Caracas 24 diputados; Barinas 9; Cumaná 4; Barcelona 3; Mérida 2; Trujillo 1; Margarita 1.

El Primer Congreso de Venezuela procedió de inmediato a la organización provisional del gobierno. Para ejercer, el Ejecutivo designó un Triunvirato, cuyos miembros se turnaban en la presidencia. Cristóbal Mendoza, Juan de Escalona y Baltazar Padrón constituyeron este primer gobierno. Creó una Alta Corte de Justicia, presidida por el doctor Francisco Espejo; reorganizó el Tribunal de Apelaciones que había creado la Junta de Arbitrios, encargada de las rentas del Estado, y un Tribunal de Municipalidades para el abasto y policía.

Agotados los argumentos en pro y en contra en las discusiones de los días precedentes, se pasa a la votación y triunfan por aplastante mayoría los partidarios de la independencia. Son las 3 p.m, del día 5 de julio de 1811, cuando el presidente del Congreso, Juan Antonio Rodríguez Domínguez, pronuncia un breve discurso en el cual expresa que está declarada solemnemente la Independencia absoluta de Venezuela. El mismo 5 de julio, el Triunvirato Ejecutivo expide una proclama en la cual aplaude y ratifica la declaración; al atardecer de ese día el Congreso celebra una segunda sesión, en la cual se comisiona al diputado Roscio y al secretario Isnardi para redactar el Acta de la Independencia El Acta es aprobada y firmada el día 7 por 41 diputados presentes y el secretario. El día 8 una comisión del Congreso la entrega al Triunvirato Ejecutivo, el cual la refrenda oficialmente ese mismo día por decreto; el Acta es publicada el 11 en el órgano del Congreso, El Publicista de Venezuela. El 14 de julio, día domingo, se procede en Caracas a su promulgación pública, por bando y con redoble de tambores, mientras los hijos del precursor de la independencia José María España sostienen la bandera tricolor ideada por Miranda, que ese día es enarbolada oficialmente por primera vez. El 15, en la sede del Congreso, juran la independencia los propios diputados, y luego el Poder Ejecutivo, la Alta Corte de Justicia, el mando militar y el arzobispo; el día 16, en la Gaceta de Caracas, se reproduce el texto del Acta de la Independencia que había sido entregada el 8 al Poder ejecutivo, con el decreto de éste que la refrenda, firmado por Cristóbal de Mendoza, presidente en turno, y los otros 2 triunviros Escalona y Padrón, así como por el secretario de Estado Sanz.

Una vez declarada la independencia, el Congreso se abocó a partir de agosto al estudio del proyecto de Constitución. Durante los meses de mayo y junio anteriores había publicado en la Gaceta de Caracas avisos en los cuales se exhortaba a los ciudadanos particulares a presentar por escrito ante el Congreso sus ideas sobre el régimen constitucional, a fin de que «...todos contribuyan con sus luces y conocimientos al acierto de asunto tan importante...» Finalmente, después de extensos debates, resultó aprobado con varias modificaciones el proyecto elaborado por la comisión nombrada el 16 de marzo. Era obra, principalmente, del diputado Francisco Javier de Ustáriz. Algunos de los debates más polémicos en el seno del Congreso giraron precisamente alrededor del artículo 180 del proyecto de Constitución, por el cual quedaban abolidos todos los fueros personales; casi todos los eclesiásticos que eran diputados, junto con alguno laico, impugnaron la inclusión de ese artículo, pero la mayoría lo sostuvo y pasó a la Constitución. Ésta recibió la aprobación definitiva del Cuerpo el 21 de diciembre de 1811, en vísperas de ser clausuradas las sesiones de ese año.

El Congreso reanudó sus sesiones el 2 de enero de 1812. La actuación del Congreso en aquel período de poco más de un año, fue de gran trascendencia en nuestra historia. Muchos más fueron los temas debatidos en el Congreso y las disposiciones emanadas de él durante el año 1811 y los primeros meses del siguiente. En materia de Relaciones Exteriores, se recibió el 26 de marzo de 1811 a los comisionados de la provincia neogranadina del Socorro, quienes expresaron deseos de estrechar relaciones de amistad y cooperación con las provincias confederadas de Venezuela. El 22 de octubre siguiente fue ratificado, con algunas modificaciones, el primer tratado internacional de la Venezuela independiente, que había concluido meses antes en Bogotá con el gobierno de Cundinamarca el enviado de Caracas José Cortés de Madariaga. Otras importantes medidas adoptadas fueron la Declaración de los derechos del pueblo (que más tarde fue incorporada en la Constitución), la ley de prensa, el decreto sobre emisión de papel moneda y acuñación de moneda de cobre. El día 29 se acordó que el Congreso suspendiese las sesiones el 15 de febrero siguiente, para reiniciarlas el 1 de marzo en Valencia, que fue designada Ciudad Federal. Todavía antes de proceder al traslado se aprobó el 12 de febrero una ley penal contra los desertores y el 15 el escudo de la Confederación. El 6 de marzo había ya 24 diputados en Valencia, pero el quórum no se logró sino el día 16, cuando se reiniciaron las sesiones con 28 diputados, bajo la presidencia de Juan José Maya. El día 21 fue perfeccionada por el Congreso la elección del Poder Ejecutivo Federal, escogiendo por votación entre los 9 primeros que habían obtenido mayoría de votos en las provincias; resultaron elegidos por el Congreso Fernando Toro, Francisco Javier Ustáriz y Francisco Espejo, triunviros; suplente, Francisco Javier Mayz. Prolongó sus labores hasta el 4 de abril, fecha cuando se declaró en receso hasta el 5 de julio, habiéndole conferido facultades extraordinarias al Poder Ejecutivo para enfrentar la terrible crisis que vivía la República en aquella fecha.

La caótica situación social, económica, política y militar, la reacción canaria de Domingo Monteverde, la aplicación de la ley de conquista y el arrollador avance realista desde Coro, llevan a la designación de Francisco de Miranda como Generalísimo y Dictador el 23 de abril de 1812. Esta designación no logra revertir los acontecimientos ni sus resultados, firmándose el 25 de julio de 1812 la capitulación entre Miranda y Monteverde que pone fin a la primera república, cuya caída será objeto de análisis por parte de El Libertador en el Manifiesto de Cartagena el 15 de diciembre de 1812.

En 1810, Monteverde había sido enviado a Cuba y Puerto Rico, recibiendo luego órdenes de partir hacia Venezuela para sofocar la revuelta y restablecer el orden colonial. Con el prestigio ganado en las Guerras Napoleónicas, llegó a Coro en marzo de 1812, aniquiló la República proclamada el año anterior y restauró el sistema monárquico en la provincia de Venezuela. Miranda fue apresado y enviado a Puerto Rico y luego a Cádiz, y la mayoría de los oficiales patriotas fueron al exilio. Asumió entonces la jefatura territorial en Venezuela con el cargo de Capitán General, hasta que es convencido de entregar el mando, lo que realizó el 28 de diciembre de 1813, partiendo hacia Puerto Rico para finalmente, en septiembre de 1816, seguir hacia España. Fue reemplazado como Capitán General de Venezuela por Juan Manuel Cajigal (diciembre 1813-agosto1814) y este a su vez por Pablo Morillo (agosto 1814-julio1816).

El año 1813 marca la reanudación de la guerra, con las campañas de Oriente (Mariño, Bermúdez y Piar, entre otros, invaden por Güiria y ocupan el territorio oriental de las provincias de Barcelona, Cumaná, Margarita, Maturín; proclaman el Estado de Oriente y a Mariño Libertador de Oriente) y Admirable (Bolívar, Ribas, Urdaneta, Girardot, Ricaurte, con el apoyo neogranadino después de las campañas del Magdalena y del Cauca, invaden en marzo por San Antonio del Táchira y en Agosto de 1813 entran en Caracas, después de ocupar buena parte de las provincias de Barinas, Mérida, Trujillo y Caracas). Con estos triunfos militares se restablece la república. Bolívar es nombrado Capitán General de los Ejércitos y Libertador; posteriormente se le designa como Dictador, para intentar contener el arrollador y triunfal avance realista hacia Caracas, desde los llanos, al mando de José Tomás Boves, quien dirige una rebelión de masas de proporciones enormes.

El 15 de junio de 1813, en el cuarte general de Trujillo, El Libertador Simón Bolívar dicta la Proclama de Guerra a Muerte; sus objetivos fundamentales: Separar los dos bandos, darle carácter internacional a la guerra, crear conciencia de patria y responder con la mayor energía y sin idealismos, de la misma manera, a los desmanes y horrores que cometían los realistas.

Entre 1813 y 1814 se desarrollan 124 acciones militares, 51 ganadas por los patriotas y 73 por los realistas. 1814 marca la máxima expresión del cruento carácter civil y social de la Guerra Nacional de Independencia. Entre 100 y 150 mil personas mueren solo durante el año 14; se pierde la segunda república y la Aristocracia Terrateniente y Esclavista se inmola en la guerra en una clara manifestación de su conciencia de clase en sí y para sí y de un alto sentimiento patriótico.

A partir de Julio de 1814 se inicia la emigración a Oriente, huyendo la población de Caracas hacia Barcelona primero y hacia Cumaná posteriormente, ante el avance indetenible de los realistas. La crueldad de las tropas realistas y la matanza indiscriminada de civiles constituyen hechos muy relevantes dentro de la Historia de Venezuela.

Después de la derrota en Aragua de Barcelona (agosto 1814), Bolívar se reúne con Mariño en Cumaná donde son desconocidos, hechos prisioneros intentan asesinarlos y logran escapar. Piar, Ribas, Bermúdez, Cedeño, Monagas quedan al frente de la situación intentando detener a los realistas con las diezmadas fuerzas patriotas. El 5 de diciembre de 1814, se produce la batalla final y decisiva en la cual son definitivamente aplastadas las fuerzas patriotas por los ejércitos realistas al mando de Francisco Morales y José Tomás Boves quien muere por las heridas recibidas durante la batalla. En ella también muere José Félix Ribas.

Antes de partir nuevamente al exilio, el 7 de septiembre de 1814, El Libertador Simón Bolívar, dicta el Manifiesto de Carúpano, con el objetivo de evitar la pérdida total del movimiento y analizar las causas de la pérdida de la segunda república; estas son, en su opinión, las pugnas por el liderazgo en el bando patriota y la falta de unidad y apoyo de las masas populares a la causa de la independencia, producto de la intensa lucha de clases exacerbada por José Tomás Boves. Recordemos que el Estado metropolitano español y el orden colonial funcionaban como contenedores de estos conflictos sociales no resueltos

En Venezuela se conservaron con mayor fuerza los prejuicios de raza, precisamente por la gran cantidad de gente de color que resultó de la unión de los españoles con los negros y los indígenas. A fines del siglo XVIII se calculaba alrededor de 400.000 el número de personas de “razas mixtas y de color libres” y el número inmenso de esclavos era una fuente inagotable de mulatos que alarmaba a los blancos. La preponderancia que en Venezuela tuvo la Nobleza Criolla, se apoyaba sobre fundamentos sólidos más allá de una problemática limpieza de sangre; fundamentos sobre todo económicos dieron a aquella casta su carácter dominante.

Los blancos habían sido siempre los amos, los propietarios los dominadores, los privilegiados por las leyes y las costumbres. Ejecutores de la justicia y administradores perpetuos de los bienes del común, una ambición muy legítima les había llevado a declarar la independencia. Pero contra esa casta debían desatarse naturalmente los odios de las clases populares, contra su vida y contra sus intereses. Blanco, propietario y patriota era todo uno para los soldados de Boves. Pablo Morillo obligado a restaurar el antiguo régimen del orden colonial se vio pronto abandonado por los sectores populares que se pasaron en masa para las filas de la independencia. Por esto si Boves hubiese permanecido al servicio de la independencia, es posible suponer que nadie con más títulos habría alcanzado los grandes honores con que la patria estimuló el valor y premió las hazañas de los libertadores.

José Tomás Boves (Oviedo, 18 de septiembre de 1782 — Urica, estado Anzoátegui, 5 de diciembre de 1814). Cursó estudios de Náutica y Pilotaje en el Instituto Asturiano de Gijón entre 1794 y 1798, de donde después pasaría a prestar servicio en la Real Armada Española, y en buques mercantes o de correos. Involucrado en el contrabando, fue sentenciado a 8 años de prisión en el castillo de Puerto Cabello. Se le conmutó la pena por la de destierro a la villa de Calabozo. Después de su sentencia se asentó en la región de los Llanos donde se dedicó al tráfico de ganado. Fue elegido comandante de urbanos de Calabozo. Al estallar la Guerra de Independencia de Venezuela en 1811 se une a las filas patriotas pero luego decide pasar al bando realista. Liberado de la cárcel se unió a la columna de vanguardia del ejército de Domingo de Monteverde bajo el mando de Eusebio Antoñanzas.

En poco tiempo, Boves logra convertirse en el gran caudillo llanero gracias a su carisma y a su conocimiento de la región. Actuando de manera autónoma y sin someterse a las órdenes de los jefes militares españoles, desde fines de 1813 logra armar un gran ejército para enfrentar a los patriotas. Cuando Boves tiene la victoria asegurada, muere en la Batalla de Urica el 5 de diciembre de 1814 de un lanzazo, en un enfrentamiento con las tropas republicanas.

A pesar que la historia lo asume como un caudillo militar en favor de la causa española, su lucha se centró en el odio a las clases poderosas de la época que explotaban a los campesinos llaneros, así respondieran a cualquiera de los bandos en disputa, lo cual le valió la simpatía de gran parte de los sectores más desposeídos de la Venezuela de su tiempo, en la región llanera. A Boves también se le reconoce como el primero en Venezuela en promover la abolición de la esclavitud, la “democratización de la propiedad de la tierra” y la igualdad de todas las razas. El rango de Boves, "Supremo Sostenedor de las Armas del Rey en la Costa Firme" parece destacar su condición de caudillo guerrero sometido a la disciplina y las directrices de Madrid, como consta en las diversas órdenes recibidas del Ministerio de Indias.

Como muy bien lo expresa Don Laureano Vallenilla Lanz, el carácter feroz que asumió la Guerra nacional de Independencia en Venezuela, así como nuestra rápida evolución igualitaria, hecho del que no hay ejemplo en ningún otro pueblo de Hispanoamérica, se halla explicado en parte por la heterogeneidad de la sociedad colonial y el desenlace posterior de los acontecimientos independentistas. Basta comparar el rango y la mentalidad de los hombres del 19 de abril y del 5 de julio, con la mentalidad y el rango de los caudillos que, por virtud de sus grandes hazañas vinieron a ocupar las más altas posiciones en la naciente república y eran en realidad los genuinos exponentes de la revolución, para comprender la enorme trascendencia social de aquella guerra. La rebelión que comienza como “un juego de niños” de la mano finamente enguantada del Marqués del Toro, termina sobre un gran charco de sangre y un inmenso montón de ruinas, como un potro salvaje bajo la mano áspera y brutal del llanero Páez.

En España, con la derrota de los ejércitos napoleónicos y la expulsión de José Bonaparte, Napoleón le devolvió el trono de España (Tratado de Valençay) a Fernando VII en Diciembre de 1813, hasta entonces el país había estado, paralelamente, bajo la ocupación francesa encabezada por José Bonaparte, como José I y bajo la autoridad de la Junta Central Gubernativa del Reino y del Consejo de Regencia de España e Indias, posteriormente. Sin embargo, “el Deseado”, como se le conoce a Fernando de Borbón Parma, por las muchas expectativas que su pueblo tenía hacia él, pronto se reveló como un soberano absolutista, y uno de los que menos satisfizo los deseos de sus súbditos, que lo consideraban sin escrúpulos, vengativo y traicionero. Rodeado de una camarilla de aduladores, su política se orientó en buena medida a su propia supervivencia. Entre 1814 y 1820 restauró el absolutismo, derogando la Constitución de Cádiz (1812) y persiguiendo a los liberales. Tras seis años de la guerra por la independencia española, el país y la Hacienda estaban devastados, y los sucesivos gobiernos fernandinos no lograron restablecer la situación. Resulta prácticamente imposible encontrar algún juicio histórico que le sea medianamente favorable.

A finales de 1814, Morillo es designado por el rey Fernando VII como el jefe de la Expedición pacificadora; esta expedición se encontraba destinada originalmente a la sitiada plaza de Montevideo para contribuir luego con el Ejército Real del Perú en la pacificación de las provincias del Rio de la Plata, sin embargo, las noticias de la caída de Montevideo en manos de los patriotas y el estado de insurrección de las provincias de Costa Firme hicieron que fuera desviada para Venezuela y Nueva Granada. La expedición partió de Cádiz el 15 de febrero de 1815. Constaba de unos sesenta y cinco buques principales, de los cuales dieciocho eran de batalla incluyendo un navío de línea, el San Pedro de Alcántara, de setenta y cuatro cañones. El total de la expedición entre la marinería, servicios logísticos y fuerza de combate sumaban unos 15.000 hombres, aunque el ejército destinado a combatir estaba formado por 10.612 hombres, organizados en seis batallones de infantería, dos regimientos de caballería, dos compañías de artilleros, un escuadrón a caballo, y un piquete de ingenieros militares, además de pertrechos y víveres. Fue el mayor esfuerzo que saldría de España en el curso de la contienda.

La época napoleónica ha concluido, se restablecen las monarquías absolutistas europeas y se crea la “Santa Alianza” como organismo supra nacional para oponerse al liberalismo. La presencia de Morillo significa el restablecimiento del “orden colonial” y la reconquista de Venezuela y Nueva Granada. El movimiento patriótico venezolano caracterizado por la insubordinación e indisciplina en sus filas queda reducido a grupos guerrilleros aislados. El desaliento y la deserción se imponen ante una causa que se considera irreversiblemente perdida. El exilio de los líderes acentúa las rivalidades.

Luego de tocar tierra el 7 de abril en Puerto Santo, cerca de Carúpano, en el oriente de Venezuela, y de entrevistarse con el brigadier Morales, quien comandaba unos 7.000 soldados realistas,[] Pablo Morillo se reembarca con 3.000 hombres para anclar en Pampatar (isla de Margarita) el 9 de abril, reduciendo así al último foco patriota venezolano, que se rinde con poca oposición.[] Posteriormente se dirige al Virreinato de Nueva Granada donde tras tomar la plaza fortificada concluye el asedio a Cartagena de Indias, que le valió el título de Conde de Cartagena. Desde Cartagena se había organizado el auxilio militar para la restauración de la independencia de Venezuela en el año 1813 durante la guerra a muerte. Este periodo histórico que comienza con la toma de Cartagena y concluye con las condenas a miembros de la insurrección de Nueva Granada se denomina en Colombia "Régimen del Terror".

Dese Kingston, en la isla de Jamaica, Simón Bolívar escribe su Contestación de un Americano Meridional a un Caballero de esta Isla, Carta Profética o simplemente Carta de Jamaica; enmarcada en el contexto que supone la situación político militar del año 1815. Pretende obtener ayuda externa para la reactivación y reorganización del movimiento independentista del cual aspira perfilarse como su máximo líder definitivamente. La descripción del panorama general de la guerra nacional de independencia en 1815, las duras críticas al sistema colonial español, la solicitud de ayuda extranjera, el análisis de las causas de la independencia, la naturaleza de los gobiernos que debían adoptarse y un claro mensaje de alerta frente a las incipientes ambiciones de los Estados Unidos de Norteamérica, constituyen los aspectos fundamentales presentes en el documento.

Procedente de Jamaica llegó Bolívar a Los Cayos de San Luis, en la isla de Haití, el 24 de diciembre de 1815; trasladándose luego a Puerto Príncipe donde tuvo una entrevista, el 2 de enero de 1816, con el presidente Alexandre Pelión, quien se comprometió a facilitarle los recursos necesarios para llevar a cabo su empresa. Posteriormente, tras serle otorgado el poder supremo por parte de una asamblea de los principales jefes refugiados, venezolanos y neogranadinos, Bolívar comenzó a afinar los detalles sobre la expedición contra la costa firme venezolana; con la ayuda del gobernador militar haitiano de Los Cayos, el general Ignacio Marión.

El recorrido de la flota comandada por Bolívar fue el siguiente: luego de salir del puerto de Los Cayos, en la parte occidental de Haití, la misma se detuvo 3 días en la isla Beata al sur de la frontera entre Haití y Santo Domingo, para continuar su itinerario en el que los primeros días de abril de 1816 se encontraban frente a la costa meridional de la hoy República Dominicana; el 19 de abril de 1816 llegaban a la isla de Vieques cerca de las costas de Puerto Rico, hecho que se celebró con salvas de artillería; el 25 de abril arriban a la islita holandesa de Saba, distante 20 Km de San Bartolomé, desde donde se dirigen hacia Margarita, librando el 2 de mayo, antes de llegar a ésta, el combate naval de Los Frailes en la que la escuadrilla de Luis Brión sale victoriosa y captura el bergantín español El Intrépido y la goleta Rita. El 3 de mayo de 1816 tocan suelo venezolano en la isla de Margarita, en la que el 7 del mismo mes una asamblea encabezada por el general Juan Bautista Arismendi, ratifica los poderes especiales conferidos a Bolívar en Los Cayos. El Libertador dicta la Proclama de la Villa del Norte, llamando a la unidad y planteando ideas sobre los planes próximos; se proclama a Bolívar Como Jefe Supremo de la República con la promesa de convocar un congreso nacional en Venezuela no bien se hubiera hecho dueño del país; en la asamblea celebrada en la Villa del Norte, hoy población de Santa Ana, Isla de Margarita, el 6 de Mayo de 1816. A esta reunión asistieron destacados oficiales patriotas, entre ellos Santiago Mariño, quien fue elegido segundo Jefe; Manuel Piar, Gregorio McGregor y Carlos Soublette. Proclamó la cesación de la guerra a muerte, el perdón de los españoles que se rindan y la libertad de los esclavos negros.

Luego de esta ratificación, las fuerzas expedicionarias de Bolívar pasan a Carúpano, donde finalmente desembarcan y proclaman la abolición de la esclavitud (Decreto de Carúpano, 2 de junio de 1816), para después seguir a Ocumare de la Costa donde desembarcan y llegan hasta Maracay pero deben retirarse acosados por Morales dejando parte del parque en la playa y la mitad de sus soldados quienes bajo Gregor MacGregor emprenden la retirada por tierra a través de los valles de Aragua hacia oriente, conocida como la Retirada de los Seiscientos. Nuevo exilio para Bolívar y otros líderes, nuevamente es desconocido por Mariño y Bermúdez. Dicta la Proclama de Ocumare, 6 de julio de 1816, ratificando la abolición total de la esclavitud. Regresa a fines de 1816 cuando es nuevamente reconocida su autoridad. Las fuerzas reunificadas en Oriente bajo el mando de Piar obtienen una victoria en la batalla de El Juncal que permite consolidar las posiciones patriotas.

Tras volver a Haití y organizar una nueva expedición Bolívar zarpo del puerto de Jacmel y llego a Juan Griego el 28 de diciembre de 1816 y a Barcelona el 31 del mismo mes, donde estableció su cuartel general y planeó la campaña sobre Caracas con la concentración de las fuerzas que operaban en Apure, Guayana y Oriente, pero tras una serie de inconvenientes hicieron que abandonara el plan y se trasladara a Guayana, para tomar el mando de las operaciones contra los realistas en la región.

Tras recuperar la Nueva Granada, Morillo debe regresar a Venezuela en 1817 preocupado por el recrudecimiento de la guerra, pues Bolívar, Piar y otros jefes venezolanos reactivan su movimiento. Su lugarteniente Miguel de la Torre no logra frenar la invasión de Guayana en 1817. La ocupación patriota de Guayana, magistralmente dirigida por Piar, dada su enorme importancia tiene una influencia decisiva en el desarrollo de los acontecimientos posteriores, los patriotas están en la mejor situación que habían tenido desde 1811. Esta situación se pondrá de manifiesto cuando se produzcan nuevas disidencias frente a la autoridad de El Libertador y la convocatoria al congresillo de Cariaco en mayo de 1817 que culminan con el discutido juicio al héroe de San Félix y su posterior condena a muerte y fusilamiento en uno de los episodios más controversiales de la vida pública de Simón Bolívar. Seguridad, recursos y salida al exterior es sólo parte de lo que proporcionaba Guayana a los patriotas. Con el objeto de asegurar presencia de las masas populares en la causa patriota y contribuir con la “democratización de la propiedad” se dicta el Decreto-Ley de Haberes Militares; así mismo se crea El Correo del Orinoco y se crean los Consejos de Estado y de Gobierno que funcionan desde Angostura convertida en capital de Venezuela.

En 1818, Bolívar avanza hacia Caracas en su fracasada Campaña del Centro de Venezuela, pero Morillo avanza desde Calabozo y le detiene al derrotarlo en la Batalla de La Puerta (El Semen, cerca de San Juan de Los Morros). Cabe destacar también en ese año 1818, la entrevista de Bolívar y Páez en el Hato de Cañafístola, incorporándolo definitivamente a la causa patriota y sometiéndolo a la autoridad de El Libertador, al territorio de Guayana y Oriente se han incorporado los llanos de Apure liberados por Páez. Se convocan las elecciones para el congreso constituyente, ofrecido en la Proclama de La Villa del Norte, que debía reunirse en Angostura.

La reunión del congreso de Angostura es escenario propicio para que El Libertador pronuncie su discurso el día de su instalación, el 15 de febrero de 1819. La ocupación patriota de Guayana, el fortalecimiento de la autoridad de El Libertador y la situación de franca mejoría y recuperación del bando patriota, le sirven de contexto a este evento.

La convocatoria y realización del congreso constituyente de Angostura pretendía lograr el restablecimiento constitucional de la Republica, brindar un espacio para que Bolívar expusiera sus ideas y sus proyectos políticos y afianzar el mando supremo.

El discurso presenta como aspectos relevantes: la renuncia al mando supremo por parte de El Libertador Simón Bolívar, críticas a la constitución de 1811, propuestas de constitución y de organización de los poderes públicos y recomendaciones generales para el congreso.

Para “encerrar” a los realistas en Venezuela y aprovechar las ventajas en hombres, dinero y recursos, decide Bolívar el desarrollo de la campaña libertadora de Nueva Granada. Atacando al enemigo por sorpresa, por la retaguardia, partiendo de Guayana y aprovechando la seguridad de los llanos de Casanare y Apure, estos últimos definitivamente en poder patriota después de la derrota de Morillo a manos de Páez en la batalla de de Las Queseras del Medio o “Vuelvan Caras” el 2 de abril de 1919.

La campaña de Nueva Granada constituye una campaña decisiva que transcurre entre el 26 de mayo cuando salen de Angostura y culmina con la toma de Bogotá el 10 de agosto, después de la derrota del General Barreiro y del Virrey Samano; del paso de Los Andes y de las batallas de Corrales, Gameza, Pantano de Vargas y Boyacá.

En agosto de 1819, ante la ausencia de noticias definitivas sobre la suerte de la campaña de Nueva Granada, se produce un efímero intento de golpe de estado en Angostura. En diciembre de 1819 se promulga la ley fundamental de Colombia que establece la unión de Venezuela con Nueva Granada.

El año 1819 también señala el cambio de actitud en Estados Unidos y Gran Bretaña que deciden apoyar con hombres, armas y dinero los movimientos de la independencia. Debe tenerse presente que el periodo comprendido entre 1750 y 1850 abarca la Revolución Industrial, el surgimiento y consolidación del Modo de Producción Capitalista en su primera fase, el ascenso económico, social y político de la Burguesía, el nuevo reparto del mundo, el surgimiento de los nuevos grandes imperios coloniales y de áreas de influencia en una nueva correlación de fuerzas de potencias grandes y medianas.

Morillo recibe instrucciones para firmar un armisticio. El 25 y 26 de noviembre de 1820, España y la Republica de Colombia firman los tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra, suscritos entre Correa y Sucre, poniendo fin a las hostilidades y a la guerra a muerte, respectivamente. El 27 de noviembre de 1820 se entrevistan con Bolívar y Morillo en Santa Ana de Trujillo. Finalmente, Pablo Morillo consigue su retiro, solicitado en 16 ocasiones anteriormente, de la Capitanía General de Venezuela, y regresa a España, tras dejar el mando al general Miguel de la Torre en diciembre de 1820.

En enero de 1820 se produjo una sublevación entre las fuerzas expedicionarias acantonadas en la península que debían partir hacia América para reprimir la insurrección de las colonias españolas. Aunque este pronunciamiento, encabezado por Rafael de Riego, no tuvo el éxito necesario, el gobierno tampoco fue capaz de sofocarlo y poco después, una sucesión de sublevaciones comenzó en Galicia y se extendió por toda España. Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución en Madrid el 10 de marzo de 1820. Comenzó así el Trienio Liberal o Constitucional. Durante el Trienio, se propusieron medidas en contra del absolutismo y se suprimen la Inquisición y los señoríos. Sin embargo, aunque el rey aparentaba acatar el régimen constitucional, conspiraba secretamente para restablecer el absolutismo (Regencia de Urgel; sublevación de la Guardia Real en julio de 1822, sofocada por la Milicia Urbana de Madrid). Finalmente, la intervención del ejército francés de los Cien Mil Hijos de San Luis, bajo los auspicios de la Santa Alianza, restableció la monarquía absoluta en España (octubre de 1823). Se eliminaron todos los cambios del Trienio liberal; por ejemplo, se restablecieron los privilegios de los señoríos y mayorazgos, con la única excepción de la supresión de la Inquisición. Se inició así su última época de reinado, la llamada Década Ominosa (1823-1833), en la que se produjo una durísima represión de los elementos liberales, acompañada del cierre de periódicos y universidades. La Real Cédula de 1 de agosto de 1824 prohibió «absolutamente» en España e Indias las sociedades de francmasones y otras cualesquiera secretas. Al mismo tiempo se registraron levantamientos absolutistas instigados por el clero y por los partidarios del infante Carlos María Isidro, hermano de Fernando, que se perfilaba como sucesor. También se consumó la práctica desaparición del Imperio español. En un proceso paralelo al de la Península tras la invasión francesa, la mayor parte de los territorios americanos declararon su independencia y comenzaron un tortuoso camino hacia repúblicas liberales (Santo Domingo también declaró su independencia pero poco después fue ocupada por Haití). Sólo las islas caribeñas de Cuba y Puerto Rico, junto con algunas porciones africanas en Marruecos, el Sahara y Guinea, las Filipinas, las Marianas (incluyendo Guam) y las Carolinas, en el Pacífico, permanecían bajo el dominio de España. En 1829 una expedición partió desde Cuba con la intención de reconquistar México al mando del almirante Isidro Barradas. La empresa acabó finalmente derrotada por las tropas mexicanas.

El 31 de marzo de 1830 Fernando promulgó la Pragmática Sanción, aprobada el 30 de septiembre de 1789, bajo Carlos IV pero que no se había hecho efectiva por razones de política exterior. La Pragmática establecía que si el rey no tenía heredero varón, heredaría la hija mayor. Esto excluía, en la práctica, al infante Don Carlos María Isidro de la sucesión, por cuanto ya fuese niño o niña quien naciese sería el heredero directo del rey. De esta forma, su hija Isabel (la futura Isabel II 1833-1868), nacida poco después, se veía reconocida como heredera de la corona, con gran disgusto de los partidarios de don Carlos, el hermano del rey. En 1832, hallándose el rey enfermo de gravedad en La Granja, cortesanos partidarios del infante consiguieron que Fernando VII firmara un Decreto derogando la Pragmática. Con la mejoría de salud del Rey, el Gobierno de Francisco Cea Bermúdez, la puso de nuevo en vigor. Tras ello, Don Carlos marchó a Portugal. Entre tanto, María Cristina, nombrada regente durante la grave enfermedad del rey (la heredera Isabel apenas tenía tres años en ese momento), inició un acercamiento hacia los liberales y concedió una amplia amnistía para los liberales exiliados, prefigurando el viraje político hacia el liberalismo que se produciría a la muerte del rey. Fernando murió en 1833 sin hijos varones, había tenido otra hija la infanta Luisa Fernanda. El infante don Carlos, junto a otros realistas que consideraban que el legítimo heredero era el hermano del rey y no su hija primogénita, se sublevaron y empezó la Primera Guerra Carlista. Con ello hizo su aparición el carlismo. España transita un difícil e intenso camino que intenta colocarla en sintonía tardíamente con las realidades sociales, políticas y económicas del resto de Europa Occidental.

El 28 de enero de 1821 se produce el pronunciamiento de Maracaibo solicitando su anexión a la República de Colombia, siendo ocupada por las tropas comandadas por el General Rafael Urdaneta. Esto es considerado como una violación al tratado de armisticio con lo cual se reanudan las hostilidades, iniciándose a partir del 28 de abril la campaña de Carabobo que culmina con la batalla del mismo nombre el 24 de junio de 1821, batalla decisiva para finiquitar la independencia de Venezuela.

La Guerra Nacional de Independencia de Venezuela ha concluido, quedan pendientes la toma de Puerto Cabello y la batalla naval del lago de Maracaibo; se ha roto el vínculo colonial, se ha liberado el comercio exterior, se ha reajustado la estructura social y se ha transferido la propiedad territorial agraria a los nuevos amos del suelo. El impacto demográfico ha sido muy fuerte y la ruina, miseria y destrucción son generalizadas. Las unidades de producción han sido destruidas y la mano de obra y la infraestructura productiva han sido desarticuladas. La ausencia de inversiones y la crisis fiscal aguda van a ser constantes por muchos años.

El 6 de mayo de 1821 se instala el congreso constituyente de Cúcuta que el 12 de julio ratifica la ley fundamental de Colombia a través de la Constitución Nacional de 1821 creándose formal y definitivamente la República de Colombia.

El 14 de diciembre de 1821, El Libertador llega a Cali y marcha sobre Pasto y Popayán (campaña del Sur) que se consolida a favor de Colombia con la batalla de Bomboná el 7 de abril de 1822. Antonio José de Sucre vence a los realistas en la batalla de Pichincha el 24 de mayo de 1822 con lo cual se asegura la independencia de Quito y su incorporación a Colombia. Entre el 26 y el 28 de julio de 1822 se encuentran en Guayaquil, los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín y el 31 de julio los colegios electorales de Guayaquil votan definitivamente por su incorporación a Colombia. Quedan así liberados los territorios al sur de la república, se soluciona el problema político de Guayaquil y el Libertador Bolívar alcanza la máxima popularidad.

El año 1824 va a estar señalado por las acciones militares de Junín el 7 de agosto y de Ayacucho el 9 de diciembre. Con la primera culmina definitivamente el largo, accidentado y muy inestable proceso de independencia de Perú y con la segunda se establece la independencia del Alto Perú y su separación del Virreinato del Río de La Plata; creándose y organizándose constitucionalmente, a partir de aquí, la República de Bolivia durante los años 1825 y 1826. Finaliza así el proceso de independencia de Hispanoamérica, con la excepción de Cuba y Puerto Rico. Posesiones de las cuales dará cuenta oportunamente la expansión imperialista de los Estados Unidos.

El Congreso de Panamá, designado a menudo como Congreso Anfictiónico de Panamá en recuerdo de la Liga Anfictiónica de Grecia antigua, fue una asamblea diplomática que tuvo lugar en 1826 en la ciudad de Panamá. El congreso fue convocado por el libertador venezolano Simón Bolívar con el objeto de buscar la unión o confederación de los estados de América, sobre la base de los anteriores virreinatos hispanoamericanos, en un proyecto de unificación continental, como lo había ideado el precursor de la independencia hispanoamericana, el prócer venezolano Francisco de Miranda. El congreso se llevó a cabo en el antiguo convento de San Francisco -hoy Palacio Bolívar- de la ciudad de Panamá. Asistieron al congreso: Colombia, México, Perú y las Provincias Unidas del Centro de América. Bolivia y Estados Unidos no llegaron a tiempo. Argentina y Chile no mostraron interés. Paraguay no fue invitado. El Imperio del Brasil tampoco mostró interés. Gran Bretaña envió un observador y los Países Bajos otro a título personal. El salón donde fue celebrada dicha convención recibe el nombre de Salón Bolívar y reposan allí una espada del Libertador, juntos con los originales “Protocolos del Istmo”, primeros acuerdos firmados por los ministros plenipotenciarios que asistieron a esta reunión en 1826. El Congreso logró instalarse en la ciudad de Panamá el 22 de junio de 1826 y dejó de sesionar el 15 de julio de ese año. Asistieron dos representantes por cada país concurrente: Colombia (que abarcaba los actuales estados de Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá), Perú, México, y las Provincias Unidas del Centro de América (que comprendía las actuales repúblicas de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica). El propio Bolívar se abstuvo de intervenir en sesiones del Congreso al considerar incompatible su presencia allí mientras desempeñaba la presidencia de Perú. Los temas de discusión en la agenda del Congreso eran los siguientes: 1. Renovación de los tratados de unión, liga y confederación; 2. Publicación de un manifiesto en que se denuncia la actitud de España y el daño que ha causado al Nuevo Mundo; 3. Decisión sobre el apoyo a la independencia de las islas de Cuba, Puerto Rico, Canarias y Filipinas; 4. Celebración de tratados de comercio y de navegación entre los Estados confederados; 5. Activación de la Doctrina Monroe de los Estados Unidos en contra de las tentativas españolas de reconquista; 6. Organización de un cuerpo de normas de derecho internacional; 7. Abolición de la esclavitud en todos los Estados confederados; 8. Contribución de cada país para el mantenimiento de los contingentes militares comunes; 9. Adopción de medidas de presión para obligar a España al reconocimiento de las nuevas repúblicas y 10. Fijación de las fronteras nacionales con base en el principio de uti possidetis, tomando como base el año 1810. El pleito entre Perú y Colombia por la provincia de Guayaquil, así como el litigio entre México y Centroamérica por la región de Soconusco (actual Chiapas) impidió discutir la aplicación del uti possidetis como criterio para la delimitación territorial, tomando como base el año 1810. Ante el fracaso de las conversaciones sobre este tema y para evitar el agravamiento de las pugnas ya existentes, estas cuestiones no se resolvieron en el debate, encargando la definición de fronteras a los acuerdos bilaterales entre cada país. La negativa de los Estados participantes a reducir sus aranceles impidió todo intento de fijar acuerdos preferenciales de comercio, al ser evidente los desequilibrios en la balanza comercial de cada asistente. Estos países eran dependientes de los aranceles como fuente de ingresos para sus gobiernos, por lo cual se negaron a toda concesión al respecto. La exigencia del observador británico Dawkins para contar con acuerdos comerciales de manera separada con cada estado impidió las posiciones comunes entre los países hispanoamericanos por lo que el Congreso decidió mantener el statuo quo sobre los aranceles y el comercio. El intento de estimular la independencia de Cuba y Puerto Rico también recibió la opinión contraria del observador británico, quien advirtió además los riesgos de lanzarse a una guerra contra España en la región del Mar Caribe donde otras potencias -como la propia Gran Bretaña y Francia poseían colonias. La presión británica desaconsejó también invocar el apoyo de Estados Unidos para instaurar por la fuerza la Doctrina Monroe, en tanto los estadounidenses eran, junto a España, los principales actores comerciales en Cuba y Puerto Rico. Finalmente discreparon México y Colombia sobre cuál de estos países debería liderar el esfuerzo anticolonial en las islas del Mar Caribe, donde ambos Estados disponían de importantes puertos. Esta pugna se agravó con la oposición del delegado británico a toda operación bélica contra las colonias españolas, y causó que el Congreso finalmente evitara tomar alguna decisión sobre el Caribe, mientras Gran Bretaña apenas ofrecía su mediación para lograr el reconocimiento diplomático del gobierno español de los estados surgidos luego de las guerras de independencia hispanoamericanas. Los embajadores tan sólo acordaron con relativa facilidad la creación de una liga de repúblicas americanas con jefes militares comunes, la formación de un pacto mutuo de defensa, y el establecimiento de una asamblea parlamentaria supranacional, aunque sin acordar detalles específicos sobre el funcionamiento de ésta ni sobre la organización de las tropas comunes de defensa y menos aún sobre su financiamiento. Con muchas limitaciones se elaboró al fin el “Tratado magnífico titulado de la Unión, de la Liga, y de la Confederación perpetua” que emergió del Congreso y que, aprobado por todos los concurrentes, fue ratificado solamente por Colombia en el mismo 1828. Las rivalidades y los recelos de Chile, Brasil, Argentina, Perú y México con Colombia y con lo que llamaban el liderazgo omnímodo de Bolívar; los conflictos entre México y las Provincias Unidas de CentroAmérica y la acción contraria de Británicos y estadounidenses marcaron la pérdida de interés en el congreso que quedó marcado más por realizaciones de proyección espiritual que de carácter práctico y efectivo.

En 1830 Colombia se ha disuelto en tres estados y en 1834 las Provincias Unidas de Centroamérica han conformado 5 países distintos. Entre 1810 y 1826 el Alto Perú fue escenario de interminables combates y batallas entre los realistas peruanos y altoperuanos y los patriotas argentinos y altoperuanos, a los que se sumarían después de la batalla de Ayacucho los patriotas del Perú y la Gran Colombia al mando de Sucre, y que conseguirían finalmente obtener la independencia en los territorios que permanecerían bajo control realista. El 6 de agosto de 1824 Bolívar derrotó al ejército realista del general José de Canterac con el coronel Manuel Isidoro Suárez en la Batalla de Junín. Esta victoria constituye sobre todo, el paso previo para el triunfo final en la batalla de Ayacucho. Los jefes realistas, Canterac, Carratalá, Váldés y La Serna, reunidos en el Cuzco decidieron reorganizar sus fuerzas y salir al encuentro de los vencedores de Junín. Sucre, por encargo de Simón Bolívar, decide continuar la campaña militar en el Perú, y el 9 de diciembre de 1824, los independentistas logran una victoria en la llanura de Ayacucho, pampas de Quinua. Con la capitulación del virrey La Serna se reconocía la "Independencia del Perú y América".

El 29 de enero de 1825, el general José Miguel Lanza proveniente de las zonas rurales cercanas (republiquetas), tomó la ciudad de La Paz y declaró la independencia de las Provincias del Alto Perú, siendo nombrado su primer presidente. El 6 de febrero el mariscal Sucre a la cabeza del Ejército Libertador cruzó el río Desaguadero. Efectivamente, en la tercera semana de enero el ejército vencedor en Ayacucho continuó del Cuzco hacia Puno, llevando siempre como vanguardia a la División Peruana, confiada en esta oportunidad al Coronel O'Connor, menos el batallón núm. 3 del Perú, que se quedó de guarnición en el Cuzco. Sucre avanza sobre el Alto Perú con el ejército libertador. La división de Colombia (Córdova) queda acantonada en La Paz mientras que la división del Perú se interna hasta Oruro y Potosí, donde recibe la noticia de la muerte de Olañeta el día 2 de abril de 1825 en el combate de Tumusla. Luego del triunfo del Ayacucho, y siguiendo precisas instrucciones de Bolívar, el comandante Sucre entra en territorio alto peruano el 25 de febrero de 1825. Su papel se limita a dar visos de legalidad a un proceso que los mismos patriotas ya habían puesto en marcha. Pero, el destino de la nueva república estaba sujeto a tres posibilidades, proseguir la unidad con Buenos Aires, incorporándose a las Provincias Unidas, mantener la adhesión al Perú reconociendo las medidas de incorporación dictadas por el virrey Abascal como resultado de la revolución del 16 de julio de 1809 en La Paz, o sostener con decisión la independencia absoluta del Alto Perú, no sólo con relación a España, sino también con referencia a las Provincias Unidas del Río de la Plata y al Perú, recién liberado. La Real Audiencia de Charcas dependió del Virreinato del perú hasta 1776 cuando pasa a integrar el nuevo Virreinato del Río de La Plata. Las distintas provincias formaban corregimientos separados con gobernadores que dependían directamente del Virrey hasta la creación de la Intendencia del Ejército y Real Hacienda de Chuquisaca en 1782, la cual les da cierta unificación. El acta de independencia, redactada por el presidente del Congreso, José Mariano Serrano, fue declarada por 7 representantes de Chuquisaca, 14 de Potosí, 12 por La Paz, 13 por Cochabamba y 2 por Santa Cruz el 6 de agosto de 1825. Mediante un decreto se determinó que el nuevo estado llevaría el nombre de Bolívar, en homenaje al Libertador, quien a la vez fue designado "Padre de la República y Jefe Supremo del Estado". Bolívar agradeció estos honores, pero declinó la aceptación de la Presidencia de la República, para cuyo cargo designó al general Antonio José de Sucre. En 1826 el Libertador Simón Bolívar otorgó al país la primera Constitución, a través del discurso ante el congreso constituyente desde Lima el 25 de mayo de 1826, la cual fue aprobada por el Congreso de Chuquisaca.

Desde 1826 hasta 1830 se puede considerar que concluye el proceso de ruptura del vínculo colonial entre Venezuela y España, proceso cruento y largo, muy cargado de vicisitudes. Este desarrollo histórico está señalado por el proceso de disolución de la República de Colombia 1826-1830, la última proclama del Libertador, el asesinato de Antonio José de Sucre y la muerte de Simón Bolívar. La República de Colombia creada a través de la ley fundamenta de 1817 y organizada constitucionalmente en 1821 por el congreso constituyente de Cúcuta, nace sobre las consecuencias dejadas por la Guerra Nacional de Independencia, dentro de una profunda desvinculación geográfica y económica incentivada por el caudillismo, el localismo y las rivalidades y los recelos entre las clases poderosas que reclaman para si el ejercicio de las “tiranías domésticas activas y dominantes” pues confunden unión e integración con subordinación y pérdida de privilegios. La ausencia aparente de razones poderosas que los unifiquen, el rígido centralismo de la constitución de 1821 y la disposición constitucional que impedía modificarla por 10 años, las actuaciones de Páez jefe Militar de Venezuela y Santander Vicepresidente de Colombia encargado del poder ejecutivo mientras dura la prolongada ausencia de El Libertador por su permanencia en el Sur y la intervención permanente de Gran Bretaña y Estados Unidos condenan progresivamente a muerte el proyecto bolivariano, sueño máximo de Simón Bolívar. En este proceso destacan como momentos culminantes: el movimiento separatista de La Cosiata desarrollado en Venezuela instigado por Miguel Peña y con el abierto desacato de Páez al gobierno central, la última visita de Bolívar a Venezuela rodeado de una apoteosis general en la cual ratifica la autoridad de Páez, el fracaso de la Convención de Ocaña convocada para estudiar las posibles modificaciones al texto constitucional de 1821 pero que de inmediato se divide en procolombianos (bolivarianos) y anticolombianos (antibolivarianos-paecistas y santanderistas, entre otros), la dictadura reaccionaria de El Libertador, el atentado contra la vida de Bolívar, el fracaso del Congreso Admirable presidido por Sucre al cual no asisten los venezolanos ni los santanderistas y ante el cual renuncia El Libertador. El Congreso Constituyente de Valencia separa a Venezuela de la República de Colombia, elabora la constitución de 1830 y dicta medidas antibolivarianas como la expulsión perpetua y el retiro de la nacionalidad. En Junio de 1830, muere asesinado Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho; la consigna es sin Bolívar y sin herederos ni continuadores. La enfermedad dará cuenta de El Libertador. El proceso de disolución de Colombia se ha consumado marcando el fin del proyecto bolivariano; en este marco histórico El Libertador dicta su Última Proclama en la cual da muestras de desprendimiento y desinterés y hace nuevos esfuerzos por la unidad y para salvar la república de Colombia. http://es.wikipedia.org/wiki/Provincia_de_Charcas http://es.wikipedia.org/wiki/Independencia_de_Bolivia http://es.wikipedia.org/wiki/Congreso_de_Panam%C3%A1 http://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Colombia BARNADAS Josep M., Charcas (1535-1565). Orígenes históricos de una sociedad colonial, La Paz 1973. 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Comentarios

Víctor Belis 12/17/2014 22:34

A propósito del Bicentenario de la Batalla de Urica
FUE ZARAZA QUIEN MATÓ A BOVES ensartaos
Por Víctor Belis
victorbelis37@gmail.com
0414-2483325
http://ensartaos.com.ve/2014/12/15/articulo/41659

lenpolca 12/18/2014 10:35

Exactamente Boves muere después de las heridas recibidas en la batalla de Urica por la lanza de Zaraza. En otro artículo de este blog se hace referencia al bicentenario de la Batalla de Urica. Si lo deseas puedes revisarlo.

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