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12 abril 2010 1 12 /04 /abril /2010 11:11

Por: Juan Carlos Zapata

 

Una de las máximas de todo golpista es no abandonar el centro del poder. Y fue exactamente lo contrario lo que ocurrió el sábado en la tarde, cuando el presidente transitorio, Pedro Carmona Estanga, dejó en manos del enemigo el Palacio de Miraflores. Era mediodía y los hechos ocurrían a una velocidad de vértigo. Carmona Estanga fue prácticamente desalojado porque no le garantizaban la seguridad y porque, ya se sabría luego, Casa Militar y Guardia de Honor lo querían fuera para entregar la plaza al chavismo. El Palacio era un foco rebelde. De hecho, el nuevo jefe de Casa Militar, el almirante Carlos Molina

Tamayo, fue conminado a irse también porque, le dijeron, "de lo contrario no respondemos por su vida". Quizá estos se convertirían en los errores políticos y militares que más pesarían en la derrota de las últimas horas. El nuevo gobierno abandonó el centro del poder porque no actuó con diligencia al principio. No cambió la Casa Militar que seguía siéndole leal al presidente Chávez. Serían los miembros de Casa Militar los que contactarían a los ministros chavistas y le abrirían las puertas de Palacio.

 

El primer error del gobierno transitorio fue madrugar a todo el mundo. Nadie entiende cómo es que siempre se habló de Junta de Gobierno y de  pronto aparece Carmona Estanga ungido como líder único del nuevo proceso. Ni empresarios, ni políticos, ni sindicalistas, ni líderes de la sociedad civil lo entienden ni lo saben explicar. ¿Qué pasó? ¿Quién decidió que fuera Carmona Estanga cuando el viernes en la madrugada se hablaba de opciones que integrarían la Junta? ¿Quién desechó de un plumazo los nombres de Guaicaipuro Lameda, de Carlos Ortega y de Francisco Arias Cárdenas, entre otros? Algunos de los consultados señalaron que cuando llegaron al lugar de reuniones fueron informados de la designación, y la aceptaron con resignación. Ahí comenzaron también las diferencias con Ortega, el presidente de la CTV que había sido su pareja en la rebelión civil. Luego vino el error de fondo. El Decreto Número 1 y el único de cuya autoría hay discusiones.

 

Un decreto que volaba todas las instituciones de un plumazo y más, porque hasta reformaba la Constitución vigente. La euforia de los primeros minutos quedaba atrás, ya que inclusive algunos de los empresarios que asistieron al acto del Salón Ayacucho, expresaron: "Bueno, ¿y qué pasó? ¿Qué es esto?". Lo que pasó es que Carmona Estanga nuevamente desoyó los consejos de los sectores más moderados de cómo encauzar la transición. Desechó un primer documento para acoger el definitivo que leyó frente a lo que parecía una Asamblea de Fedecámaras. No hay duda de que Carmona Estanga se entregó a los sectores más radicales del capital, el Opus Dei y la Fuerza Armada. El error costó muy caro. El acto fue el viernes en la tarde-tarde. Pero ya en la noche se reunían banqueros y empresarios para diseñar mecanismos a fin de echar para atrás el decreto. A esa misma hora, el general Raúl Baduel y el gobernador Didalco Bolívar iniciaban la toma de Maracay. Por otro lado, hay que recordar que ya el jueves en la tarde, Luis Miquilena, desde Venevisión, intentaba que se le considerara como factor de negociación, y es triste que la gente que rodeó a Carmona Estanga haya justamente intentado borrar de un plumazo las instituciones, y entre ellas la Asamblea Nacional, solamente para evitar sentarse a negociar con Miquilena. Craso error. No sólo se echaron encima al llamado chavismo democrático, sino a todos los factores políticos representados en la Asamblea. El viernes en la noche, el director de Tal Cual, Teodoro Petkoff, en Televen, criticaría el decreto y su contenido plutocrático, lo cual sería demoledor en un sector muy amplio de la opinión pública.

 

En consecuencia, en la mañana del sábado, ya el gobierno transitorio tenía pies de barro. Lo tuvo en realidad desde que Alfredo Ramos en nombre de la CTV no firmó en el acto del Salón Ayacucho. Lo cierto es que al mediodía del sábado, con todos los factores en contra Carmona Estanga reconocía que estaba obligado a echar para atrás, pero los factores le advertían que al restituirse la Asamblea Nacional con nueva directiva, se procedería también a designar un nuevo presidente transitorio, ya que él había perdido credibilidad. De todos modos estaba obligado a seguir hasta el final, pero la insurgencia militar crecía, el chavismo se reagrupaba, y el pueblo cogía la calle. Su tiempo estaba contado. Al finalizar la tarde, había salido de juego. Su gobierno había caído y la restitución de Chávez fue un asunto que se decidió sólo entre militares.

 

El asunto militar

El decreto logró lo impensable, unir en una sola causa a los militares chavistas y a los institucionalistas. De modo que la mayoría que se había ganado la noche anterior, se perdió también de un plumazo. El comandante del Ejército aparece en la noche corrigiéndole la plana a Carmona Estanga. Pero no sólo eso, en la designación del tren militar que lo acompañaba, incluyendo al ministro de la Defensa, fueron saltados aspectos formales y de antigüedad, que en el mundo militar pesan mucho. Eso creó resquemores y solidaridades automáticas. Eso explica la declaración del comandante de la Guardia Nacional, al dejar en claro que los nombramientos los hacía él y solamente él. Y eso que la Guardia fue el cuerpo más leal a Pedro el breve. El primer error del gobierno transitorio fue madrugar a todo el mundo. Nadie entiende cómo es que siempre se habló de Junta de Gobierno y de pronto aparece Carmona Estanga ungido como líder único del nuevo proceso

 

Caza de brujas

Con su decreto, el gobierno envió una mala señal a algunos sectores de la clase media que en Caracas quisieron tomarse la justicia por sus manos, con el apoyo de los alcaldes Leopoldo López y Henrique Capriles Radonski. En el municipio Sucre, fue tomada la alcaldía, y en el Táchira y en Mérida, los gobernadores fueron desalojados de sus puestos. Y aquí hay que decir que lo que no hizo el chavismo en ninguna de las oportunidades en que ganó elecciones, en cambio sí lo hicieron quienes horas antes hablaban de tolerancia, democracia y libertad. Los tres años de insultos no justificaban la cacería de brujas.

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