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INÉS QUINTERO

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AEA, 64, 2, julio-diciembre, 2007, 209-232. ISSN: 0210-5810

vos de los conspiradores, el Cabildo caraqueño se reunió de manera

extraordinaria y manifestó su disposición para derramar “…hasta la última

gota de sangre en el obsequio y debida subordinación a Nuestro Soberano”.

Igualmente aprobó unánimemente ofrecer sus personas y haberes, en unión

de la nobleza y de la gente decente de Caracas, a fin de adelantar las acciones

que fuesen necesarias y sacrificarse por “..unos fines tan sagrados

como respetables”.

 

27

Transcurrida una semana desde esa reunión capitular, la nobleza de

Caracas organizó una Compañía de Nobles Voluntarios y el 4 de agosto,

reunida en cuerpo, firmó ésta una representación a Carlos IV, informándole

acerca de su creación y reiterándole directamente la lealtad y fidelidad a

la Corona que animaba a la gente principal y decente de la provincia. Decía

así el documento:

“La Nobleza de la ciudad de Caracas, junta en cuerpo y postrada humildemente a los

Reales Pies de Vuestra Magestad, dice que irritado altamente su celo y de un modo

inexplicable contra el plan de conspiracion cubierto el dia 13 del pasado mes y considerando

los graves cuidados en que se hallaba el Gobierno por esta razon, haviendo

de atender con urgencia y aun mismo tiempo y casi sin mas tropas que las

Milicias Regladas de esta capital a guarnecer todos los puestos importantes de ella

y de La Guayra, nos presentamos apresuradamente al Capitán General ofreciendo no

solo nuestras personas y haciendas sino tambien formar en el momento compañias

armadas a nuestra costa para custodiar a su persona o cualesquiera otros destinos o

funciones que considerase oportunas para la tranquilidad como el respeto de la publica

autoridad”.

 

28

Entre los firmantes estaban los más representativos nobles de Caracas.

No había, pues, la menor duda de cuál era el partido de la nobleza: abrazaron

la causa del rey y salieron en defensa de la Monarquía. No podía ser de

otra manera. No solamente por que eran ellos, de manera natural, en su

condición de “gente principal y decente del país”, los llamados a resguardar

la seguridad del reino, sino porque el contenido de las proclamas de los

insurrectos, la oferta de liberar a los esclavos, la declaración de la igualdad

de los ciudadanos, la idea de independizarse de España, de romper con el

orden monárquico y crear una República, eran totalmente opuestos a las

27 ACMC, Guerra con Inglaterra 1797-1810, f. 3-4. Acta del 14 de julio de 1797.

28 Representación de la nobleza de la ciudad de Caracas al rey de España, 4 de agosto de 1797,

Cortés, Santos Rodulfo:

 

Antología Documental de Venezuela 1492-1900. Materiales para la enseñanza

de la historia en Venezuela. Una historia de la comunidad venezolana contada por sus papeles clásicos

 

,

2.ª ed. Caracas, 1966, págs. 154-155.

LOS NOBLES DE CARACAS Y LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA

 

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prácticas y convicciones de la nobleza, consecuente defensora del orden

monárquico y principal beneficiaria del estatuto desigual y jerárquico de la

sociedad de Antiguo Régimen.

Unos años más tarde de la conspiración de Gual y España, nuevamente

los nobles hacen causa común con la Corona. En abril de 1806,

Francisco de Miranda intenta invadir las costas venezolanas, es repelido

por unos barcos de guerra españoles en las cercanías de Ocumare, dos goletas

son capturadas y sus tripulantes sometidos a prisión y juzgados.

Miranda rehace sus fuerzas y desembarca en la Vela de Coro durante la primera

semana de agosto, con el propósito de independizar al “pueblo libre

de Sur América” del yugo español.

Otra vez, el Cabildo de Caracas se moviliza para condenar al atrevido

y manifestar su lealtad a las autoridades españolas. Una representación,

fechada el 5 de mayo de 1806, recoge el parecer de los nobles criollos frente

a la “…inequívoca, atrevida y escandalosa expedición intentada por el

perverso Francisco de Miranda”.

 

29

El 9 de mayo se reúne de nuevo el Ayuntamiento, de manera extraordinaria,

y mediante otro acuerdo ratifica el contenido del suscrito unos días

antes, se constituye en garante de la fidelidad y obediencia a Su Majestad

de todos los habitantes de la provincia y suplica al capitán general que, en

atención a los elevados gastos que había ocasionado la movilización militar

para repeler al invasor, determinase “….la cantidad que debe asignarse

en remuneración y premio a la persona o personas, bien sea de nuestra

propia nación o de otra, que realicen la aprehensión del traidor Miranda,

vivo o muerto, y su traída a esta capital, y se verifique la referida asignación,

disponer que se publique por bando en ella y en toda la provincia

con la determinada proscripción de aquel traidor para que llegue a general

noticia”.

 

30

En el mismo documento, el Cabildo caraqueño insta a todos los habitantes

de la provincia a manifestar su lealtad y a contribuir con lo que les

fuere posible —haciendo entrega de sus donativos al señor alcalde primero

de la capital en los treinta días siguientes y que en las demás villas y

pueblos se procediese de la misma manera— con el fin de que de la totalidad

del monto recaudado “…se saque y separe la que Su Señoría señale

29 Acuerdo del Cabildo de Caracas, 5 de mayo de 1806, Marqués de Rojas:

 

El General

Miranda

 

, Librería de Garnier Hermanos, París, 1884, pág. 180.

30 Acuerdo del Cabildo de Caracas, 9 de mayo de 1806, en Ibídem,

 

 

El General Miranda,

pág. 184.

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para premiar la aprehensión de un traidor como Miranda, a quien todos los

habitantes de estos dominios profesan sobre él mortal odio y aborrecimiento

que se ha conciliado y que decididamente le profesan y sobre el

deseo que les anima a verle reducido a cenizas, debe también inspirarles

como les inspira, la satisfacción de un agravio tan atroz y delincuente,

como el que lleno de perfidia la ha irrogado, suponiéndolos aliados a una

empresa que sólo pudo proyectarla la depravación de un monstruo tan abominable

como él”.

 

31

Casi dos años después de estos sucesos se publicó en

 

La Gaceta de

Caracas

 

la lista de las contribuciones entregadas para poner precio a la

cabeza del traidor Miranda. En ella aparecen los más destacados miembros

de la nobleza caraqueña:

El conde de la Granja, el conde de San Xavier y el conde de Tovar con

500 pesos cada uno; todos los hermanos Tovar (José, Martín, Domingo y

Crisóstomo) 450 pesos; Luis López Méndez, 300 pesos; Francisco Xavier

y José María Ustáriz, 50 pesos entre los dos; Juan Nepomuceno Rivas,

Miguel José Sanz, cada uno 100 pesos; los tres hermanos del marqués

(Tomás, Diego y José Ignacio), 300 pesos; Dionisio, Ignacio y Feliciano

Palacios, Pablo y Lino Clemente; Gabriel y Andrés Ibarra, Juan y Domingo

Ascanio, unos con 50 pesos y otros con 100; Martín de Herrera, Juan

Blanco, Luis de Escalona y Juan Xavier Mijares de Solórzano con 200

pesos cada uno.

En total se recabaron 19.850 pesos, los cuales depositó en las arcas

reales el ilustre Ayuntamiento el 21 de junio de 1806, a fin de que se remitiesen

a España en la primera ocasión, para contribuir de esa manera “…a

las urgencias de nuestra amada Patria”.

 

 

32

Ni el movimiento de Gual y España para constituir una república de

iguales ni la convocatoria de Miranda para independizarse de España contaron

con la simpatía de los principales de Caracas. Dos años más tarde tendrán

una nueva ocasión de manifestar su lealtad a la Corona.

El 16 de julio de 1808, tan pronto como se tuvo noticia en Caracas

de las abdicaciones de Bayona y de que España se encontraba bajo el

dominio de Napoleón, la reacción de los blancos criollos fue de lealtad a

Fernando VII y de repudio a los franceses. Esa misma noche se realizó la

ceremonia de la Jura precedida por el alférez real del Cabildo, don

31 Ibídem, págs. 185-186.

32

 

Gaceta de Caracas, Caracas, 24 de febrero de 1809, pág. 3.

LOS NOBLES DE CARACAS Y LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA

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Feliciano Palacios, y se colocó un retrato del monarca en el dosel de la

sala capitular.

 

33

Durante las semanas siguientes se discutieron profusamente los acontecimientos

de la Península Ibérica. El punto crucial del debate era el mismo

que se había planteado en la metrópoli: ausente el rey ¿sobre quién

recaía la soberanía? La decisión del capitán general fue solicitar al Cabildo

que preparase una propuesta de junta y así se hizo. No obstante, esa junta

no se instauró ya que llegó a Caracas un representante de la Junta de Sevilla

solicitando el reconocimiento de ésta como máxima autoridad de la

Península y la decisión de las autoridades fue reconocerla, aun cuando el

gobierno local manifestó sus reservas al respecto.

Las discusiones y la incertidumbre respecto al futuro de España no se

disiparon. De manera que, en noviembre, se planteó de nuevo la posibilidad

de constituir una junta que atendiese la emergencia.

 

34 La propuesta fue

iniciativa de don Antonio Fernández de León, oidor honorario de la Real

Audiencia y acaudalado español, y de Francisco Rodríguez del Toro, criollo

y noble titulado. El primero, redactó una representación dirigida al capitán

general y demás autoridades. El segundo, en conjunción con otros vecinos

principales de la capital, se ocupó de promover reuniones y de recoger

firmas de apoyo al documento.

El 24 de noviembre, finalmente, se le hizo entrega del documento al

capitán general Juan de Casas, precedido de una nota firmada por el conde

de Tovar, el marqués del Toro y Antonio Fernández de León, en la cual le

insistían que el único propósito de la iniciativa era llevar a cabo el mismo

plan que se había adelantado en España para impedir las aspiraciones de

Napoleón.

La representación empezaba declarando la lealtad de la “Nobilísima

ciudad de Caracas”, contra la “criminal felonía” cometida por el emperador

de los franceses en la persona de “nuestro amado Rey”; su real familia

y contra el honor y libertad de la Nación. La propuesta de constituir una

junta, según decía el documento, no perseguía otro objetivo que seguir el

ejemplo de las que se habían formado en las principales provincias de la

España peninsular:

33 Acta del Cabildo, Caracas, 16 de julio de 1808, Blanco, José Félix y Azpúrua, Ramón:

Documentos para la vida pública del Libertador

 

 

La Conjura de los mantuanos. Ultimo acto de fidelidad a la monarquía

española

 

, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2000.

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“…Sobre estas Juntas ha descansado y descansa el noble empeño de la Nación por la

defensa de la Religión, del Rey y de la libertad e integridad del Estado: y estas mismas

Juntas le sostendrán bajo la autoridad de la Soberana Central, cuya instalación se

asegura haberse verificado. Las Provincias de Venezuela no tienen menos lealtad, ni

menor ardor, valor y constancia que las de la España Europea; y si el ancho mar que

las separa impide los esfuerzos de los brazos americanos, deja libre su espíritu, y su

conato a concurrir por todos los medios posibles a la grande obra de la conservación

de nuestra Santa Religión, de la restitución de nuestro amado Rey, perpetuidad de una

unión inalterable de todos los Pueblos Españoles e integridad de la Monarquía”.

 

35

La representación estaba firmada por 45 vecinos principales de la ciudad,

en su mayoría nobles criollos, aunque también firmaron funcionarios

españoles y comerciantes canarios. En ella reiteran los contenidos de las

proclamas y pronunciamientos de las juntas que se habían erigido en España

y se remiten a la doctrina fundamental del reino en defensa de la integridad

de la Monarquía y de sus pilares constitutivos: la Religión, la Patria y el Rey.

No obstante, la respuesta del regente interino de la Real Audiencia,

don Joaquín de Mosquera y Figueroa, fue someterlos a prisión y abrir causa

contra todos los participantes. En su concepto, la constitución de una

Junta era “…un pretexto que se tomaba para aspirar a la independencia”.

 

36

Los acusados reaccionaron de diferente manera: unos se retractaron

inmediatamente; otros se dirigieron al capitán general para reiterar su lealtad

al rey y manifestarle, arrepentidos, que en ningún caso habían tenido la

intención de actuar contra la Corona. Otros, como el conde de Tovar y el

marqués del Toro, defendieron la propuesta y la legitimidad de su determinación,

argumentando que no habían cometido delito alguno sino todo lo

contrario: se trataba de un inequívoco “…testimonio de aquella irrefragable

fidelidad, amor y patriotismo con que la Nobleza ha sabido siempre

congraciarse al servicio de sus Augustos Reyes y a nuestra Santa

Religión”. Así lo expuso el conde de Tovar.

 

37 Su conclusión no dejaba lugar

a dudas: la propuesta de la Junta había sido la medida más saludable para

defender la provincia e impedir su ruina.

35 Representación del 22 de noviembre de 1808,

 

Conjuración de 1808 en Caracas para formar

una Junta Suprema Gubernativa (Documentos Completos)

 

, Instituto Panamericano de Geografía e

Historia, Caracas, 1968, Tomo I, págs. 111-113.

36 Mosquera Figueroa, Joaquín de: “Informe sobre la prisión efectuada en varios sujetos de la

primera representación de esta ciudad, con motivo del proyecto de establecer en ella una Junta Suprema

que se ha creído era un pretexto que se tomaba para aspirar a la independencia si se llegaba a establecer”,

26 de noviembre de 1808,

 

 

Conjuración de 1808 en Caracas, tomo II, págs. 800-801.

37 El conde de Tovar al capitán general, 29 de noviembre de 1808,

 

Conjuración de 1808, tomo

II

 

, págs. 658-659.

LOS NOBLES DE CARACAS Y LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA

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El marqués del Toro era del mismo parecer. En su opinión, esa Junta

constituía un “…servicio muy distinguido a la Patria, al Rey y al Estado,

conforme a lo practicado en los reinos de España”.

 

38

Al año siguiente, el 20 de abril de 1809, los fiscales de la Real

Audiencia de Caracas emiten un primer fallo sobre los sucesos descritos, el

cual es admitido por el alto tribunal con sentencia del 4 de mayo. El dictamen

era absolutorio. No habían cometido delito alguno los principales, se

trataba solamente de una lamentable indiscreción y, por tanto, quedaban

absueltos y sin ningún tipo de consecuencias para el honor y la calidad de

buenos vasallos que los distinguía ante la Corona.

 

39

Todo hacía pensar que el incidente concluiría allí. Sin embargo, algunos

de los promotores del movimiento no quedaron contentos con el fallo

del tribunal local y solicitaron ante la Junta Central de España que se pronunciara.

El fallo final ratificó la sentencia del tribunal caraqueño en oficio

fechado el 25 de octubre de 1809.

No obstante, siete de los implicados en la promoción y firma del documento,

ajenos al fallo de la Junta Central, insisten en su inocencia ante la

Sala de Justicia del Consejo de Indias y le solicitan un pronunciamiento

que certificara su condición de fieles vasallos y que declarase que ninguno

de ellos se vería perjudicado en su honor y estimación por haber delinquido

contra la Corona y las leyes del Reino.

De manera que los sucesos del año ocho no pueden considerarse como

un acto de insubordinación contra la Corona, mucho menos interpretarse

como un movimiento preindependentista. Vistos en detalle los sucesos y

revisadas las actas del proceso, mi opinión es —tal como lo planteo en mi

trabajo

 

La Conjura de los mantuanos—, que se trató de una demostración

de fidelidad y lealtad a la Monarquía y a las leyes imperantes, por parte de

los nobles de Caracas.

Muy poco tiempo después la situación comienza a modificarse y la

posición de los mantuanos también.

Activistas de la Independencia

Desde que ocurrieron los hechos del año 1808 en España y como consecuencia

de la diversidad de opiniones que generó el vacío de poder pro-

38 Declaración del marqués del Toro,

 

Conjuración de Caracas…, tomo I, pág. 167.

39 Fallo de los fiscales Berríos y Espejo, Caracas, 20 de abril de 1809,

 

Conjuración de

Caracas,

 

Tomo I, pág. 337.

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ducido por la abdicación forzada de la dinastía borbónica, la situación en

Caracas era de inquietud e incertidumbre respecto al futuro de la provincia

si finalmente España era vencida por los franceses. Numerosas reuniones y

conciliábulos tuvieron lugar en aquellos dos años durante los cuales las

noticias que llegaban desde la metrópoli eran confusas y alarmantes.

La delicada situación por la que atravesaba la Corona y los llamados

a que los americanos participasen en las instancias de poder de la

Monarquía

 

40 propiciaron que las aspiraciones por un mayor control de la

provincia, presentes entre los nobles criollos, se convirtiesen en acciones

tendentes a conquistar nuevos espacios de representación en el sistema

político de la Corona.

El 17 de abril de 1810 llega a La Guaira el barco “El Pilar” procedente

de España. La correspondencia enviada al capitán general Vicente

Emparan informaba de que Sevilla había caído en manos de los franceses,

que la Junta Central había sido disuelta y que se había formado un Consejo

de Regencia. Todo esto durante el mes de enero de ese año.

Inmediatamente, las nuevas se esparcieron por Caracas. Si en los días

precedentes el ambiente de intranquilidad era visible, al conocerse los últimos

acontecimientos ocurridos en España, hubo numerosas reuniones en

las cuales se comentaban los sucesos y se discutían las medidas a tomar.

La noche del 18 de abril el Cabildo, mayoritariamente integrado por los

mantuanos, decidió convocar, para el día siguiente, una reunión extraordinaria

a fin de discutir con el capitán general la crítica situación de la

metrópoli.

La reunión capitular tuvo lugar el 19 de abril de 1810. La proposición

resultante fue que, en vista de la difícil situación en la cual se encontraba

España, era perentoria la constitución e instalación de una junta. La máxima

autoridad manifestó que no era del mismo parecer y se excusó, argu-

40 En enero de 1809, la Junta Central había declarado a los dominios americanos como parte

esencial e integrante de la Monarquía, en atención a ello se convocó a los americanos a tener representación

nacional para formar parte de la Junta. Aun cuando hubo fuertes reparos respecto a la cuota de

representación que se le otorgaba a América, en numerosas provincias fueron electos los representantes

a ella. Disuelta ésta, el Consejo de Regencia reiteró la declaratoria de igualdad a los americanos y

los convocó para que participasen en las Cortes del reino. De nuevo los americanos hicieron reparos a

la cuota de representación inferior que se le otorgaba a las provincias americanas. En Caracas se hizo

la elección del representante a la Junta Central, se impugnaron los resultados, la Junta admitió la

impugnación y en los primeros días de marzo de 1810 se estaba organizando la nueva elección.

También en esas mismas semanas se publicaba en

 

La Gaceta la “Instrucción que debería observarse

para la elección de diputados americanos, suplentes y propietarios”. Para esa fecha en Caracas no se

tenía conocimiento de que la Junta había sido disuelta y sustituida por el Consejo de Regencia.

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mentando que debía retirarse para asistir a la ceremonia religiosa del jueves

santo. Mientras esto sucedía, un grupo de personas se había congregado

en los alrededores de la sala capitular y, cuando Emparan trató de ingresar

al templo, fue conminado a regresar al Cabildo. El debate se prolongó

durante varias horas. El Ayuntamiento, ampliado con nuevos miembros,

insistió en sus argumentos respecto a que no podía reconocerse a la

Regencia de España ya que era una instancia ilegítima y que, por tanto,

debía formarse una junta que representase los intereses de la provincia y

que fuese efectivamente la depositaria de la soberanía, mientras el rey se

mantuviese cautivo. El incidente, como es ampliamente conocido, concluyó

con la destitución de las autoridades españolas y la constitución de una

Junta Suprema conservadora de los derechos de Fernando VII.

El 24 de abril se instala la Junta Suprema de Caracas como máxima

autoridad de la provincia. Estaba compuesta por los integrantes del

Cabildo, los integrantes incorporados el 19 de abril y dos representantes de

los militares.

 

41 Este nuevo organismo lo constituían, en su gran mayoría,

nobles criollos. Todos ellos, salvo contadas excepciones, cerraron filas a

favor de la causa de abril, eran oficiales de las milicias, formaron parte del

nuevo gobierno y lo apoyaron con sus recursos, compartiendo la idea de

que la fundación de una Junta Suprema, única depositaria de la soberanía

en ausencia del monarca, era el mecanismo idóneo y legítimo para atender

la emergencia y detener al invasor francés.

Esta compleja e inédita circunstancia generó las más diversas reacciones

de uno y otro lado del Atlántico. Era muy difícil que en España, en

medio de su propia crisis y a punto de perder la guerra con Francia, se

aceptase la constitución de la Junta Suprema caraqueña. La respuesta fue

condenarla, rechazarla y conminarla a que reconociese a la Regencia como

autoridad legítima del reino. La respuesta de la Junta caraqueña fue insistir

en su determinación, alegando, como lo hizo, su legalidad y pertinencia,

en atención a la ausencia de una instancia legítima de poder en

España.

Esta coyuntura generó la exacerbación de las posiciones de uno y otro

bando, no solamente desde España sino en el interior de las provincias que,

formando parte de la Capitanía General de Venezuela, se negaron a acatar

al gobierno de Caracas y se manifestaron leales a la Regencia española.

41 La lista completa de los miembros de la Junta Suprema y los nombramientos hechos al

momento de su instalación fueron publicados en

 

Gaceta de Caracas, Caracas, 4 de mayo de 1810.

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El distanciamiento entre la metrópoli y la Junta era irremediable. Los

acontecimientos ocurridos en los primeros meses del año 1811 confirman

la tendencia hacia una separación definitiva entre las partes.

El 2 de marzo se instala el Congreso General de Venezuela y queda

disuelta la Junta de Caracas. El primero se convirtió en la máxima autoridad

de la provincia y en el depositario legítimo de la soberanía. De sus

resoluciones dependería el destino de las provincias. La gran mayoría de

los diputados pertenecía a los sectores privilegiados de la sociedad y compartía

los principios y valores que sostenían a la sociedad provincial. Eran

miembros de la nobleza caraqueña, pertenecían a las principales familias,

ostentaban cargos en los Cabildos de las ciudades, tenían haciendas, obtenían

beneficios de la actividad comercial, habían asistido a la Universidad,

ocupaban altos rangos en la oficialidad del ejército o eran miembros de la

institución eclesiástica.

En los meses siguientes las deliberaciones del Congreso condujeron a

la declaración de la Independencia el 5 de julio de 1811, con los votos afirmativos

de la mayoría absoluta de los representantes —solamente un diputado

estuvo en contra de esa decisión de Independencia—.

 

42 El movimiento

de vocación autonomista que se había iniciado en 1810 devino, quince

meses más tarde, en movimiento independentista.

Mientras se atienden las reacciones contra la Independencia que se

manifiestan de manera violenta en los días siguientes a su declaración, el

Congreso se ocupa de discutir el contenido de la nueva carta magna. Los

debates ponen en evidencia la presencia de posiciones encontradas respecto

a aspectos fundamentales de la sociedad de Antiguo Régimen como lo eran

la eliminación de los fueros, la abolición de los privilegios y la sanción de la

igualdad de los ciudadanos, expresión de las reservas que existían entre los

miembros del Constituyente respecto a avanzar en dirección a una mudanza

que alterase de manera sustantiva las bases de la sociedad antigua.

 

43 Sin

embargo, la constitución se aprueba el 21 diciembre de 1811 y sanciona la

creación de un orden republicano en el cual quedaron abolidos los privilegios

y los fueros, consagrada la igualdad de los ciudadanos y eliminadas

todas las leyes que establecían limitaciones y discriminaciones contra los

42 El debate sobre la Independencia tiene lugar los días 3, 4 y 5 de julio.

 

Congreso

Constituyente de 1811-1812

 

, Ediciones del Congreso de la República, Caracas, 1983, tomo I.

43 El debate sobre la igualdad de los pardos tuvo lugar en la sesión del 31 de julio y no se llega

a ningún acuerdo, Ibídem, tomo I, págs. 202-207. La discusión sobre la abolición de los fueros ocurrió

en la sesión del 5 de diciembre, Ibídem, tomo II, pág. 188 y fue en contra de la abolición de los

fueros.

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pardos.

 

44 Esto ocurrió con el voto afirmativo de todos los miembros del

Congreso, a excepción de los representantes del clero, lo que contribuyó a

que, en muy poco tiempo, se plasmasen también fuertes diferencias entre

los representantes de la nobleza que habían formado parte del movimiento.

Cuando habían transcurrido seis meses de la aprobación del estatuto

republicano, la nueva república sucumbió. Las disensiones que empiezan a

plantearse entre quienes inicialmente habían formado parte de aquel proceso,

el rechazo que despertaban entre la población la declaración de la

Independencia y el horror de la guerra, las deserciones masivas de los soldados

y oficiales que tenían a su cargo la defensa de la república, el exitoso

avance de las fuerzas que defendían la causa real, el apoyo de los pardos a

los ejércitos de la Corona, las discordias que dividían al bando patriota respecto

a la dirección de la guerra, el funesto episodio del terremoto, la desmoralización

creciente de la población, el temor que suscitó el alzamiento

de los esclavos y la imposibilidad de sostener económica y políticamente al

debilitado gobierno, condujeron finalmente al fracaso de la república.

 

45

La extinción de la nobleza

Ya antes de concluir el ensayo republicano y en los años inmediatamente

posteriores se establecieron líneas distintas entre los nobles de

Caracas. Unos se distanciaron de la causa patriota: el conde de la Granja se

inhibe de participar en el Congreso en sustitución de Fernando Toro al

comenzar el año 1811, apoya la restitución del gobierno realista en 1812 y

dos años más tarde es ultimado de un lanzazo cuando sale a recibir a las

fuerzas de Boves para manifestarles su apoyo. El marqués del Toro y su

hermano Fernando huyen a Trinidad y desde allí solicitan el perdón real y

la devolución de sus propiedades. Feliciano Palacios se reincorpora al

Cabildo de Caracas, defiende la causa española y en 1819 firma un documento

contra Bolívar y la instalación del Congreso de Angostura. Francisco

Felipe Mijares de Solórzano, marqués de Mijares, también se cambia

de bando y defiende en Caracas la causa del monarca Fernando VII.

44 El artículo 203 de la Constitución establecía “quedan revocadas y anuladas en todas sus partes

las leyes antiguas que imponían degradación civil a una parte de la población libre de Venezuela

conocida hasta ahora bajo la denominación de pardos; éstos quedan en posesión de su estimación natural

y civil y restituidos a los imprescriptibles derechos que les corresponden como a los demás ciudadanos”,

Constitución Federal para los Estados de Venezuela, Supremo Congreso de los Estados Unidos

de Venezuela. Edición fascimilar reproducida en Ibídem, tomo II, pág. 34.

45 Sobre el desarrollo y fracaso de la I República es insoslayable el libro de Parra Pérez,

Caracciolo:

 

Historia de la Primera República, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1959, 2 vol.

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Los argumentos expuestos por el marqués del Toro, en sus largas

representaciones a la Corona,

 

46 seguramente eran los mismos que motivaron

el distanciamiento de estos destacados miembros de la nobleza criolla:

la disolución social, la anarquía, la desaparición de las jerarquías, el influjo

de la gente de color, el imperio del desorden, eran el legado de la

Independencia, de ahí el interés en unirse a la causa del rey y procurar por

todos los medios la restitución del orden antiguo.

Otros se mantuvieron leales a la causa y fallecieron antes de que concluyera

la guerra: Antonio Nicolás Briceño fue fusilado en la ciudad de

Barinas en junio de 1813. Dionisio Palacios falleció en combate. En

diciembre de 1814, perdieron la vida en Maturín Vicente y Narciso Blanco

y Juan Jerez de Aristeguieta, ejecutado a lanzazos. Los hermanos Ribas,

Juan Nepomuceno y José Félix, también murieron en la lucha. El primero

en Maturín y el segundo ajusticiado en Tucupido el 31 de enero de 1815.

Otros sobrevivieron a la guerra y participaron luego en la construcción

de la república: Martin Tovar Ponte, hijo del conde de Tovar, se encontraba

en las Antillas cumpliendo comisión del gobierno; Lino Clemente había

sido nombrado comandante del departamento del Zulia desde finales del

año 1821; Cristóbal Mendoza, miembro del primer triunvirato en 1811,

presidía la Corte Superior de Justicia del departamento de Venezuela, y

Juan Pablo Ayala, gobernador militar y comandante de armas de Caracas

en 1811, tras participar en la guerra de Independencia, seguía cumpliendo

funciones militares en el gobierno de Colombia.

Tampoco eran los nobles caraqueños quienes controlaban ya el

Cabildo de esa ciudad. Solamente tres patricios forman parte después del

cuerpo capitular: Bernardo Herrera, sobrino del marqués del Toro; Juan

Crisóstomo Tovar, hermano de Martín Tovar Ponte; y Andrés Narvarte,

quien también había participado en los hechos del año diez.

 

47

Al concluir la guerra, por tanto, los nobles caraqueños no serían los

protagonistas estelares del difícil y complejo proceso de edificación de un

nuevo orden y tampoco sus exclusivos beneficiarios.

La declaración de la Independencia, la ruptura con la Monarquía y la

sanción de un régimen republicano, constituían la negación de los funda-

46 El caso específico del marqués del Toro está ampliamente tratado en mi libro, ya citado,

 

El

último marqués. Francisco Rodríguez del Toro 1761-1851.

47 En ese momento eran miembros del Cabildo de Caracas, además de los tres mencionados,

los siguientes individuos: José de Austria, José Antonio Díaz, Valentín Osío, Juan Nepomuceno

Chávez, Tomás Lander, Pedro González, Vicente del Castillo; Vicente Carrillo, Luis Lovera y Pedro de

Herrera. Ninguno de ellos pertenecía a la antigua nobleza caraqueña.

LOS NOBLES DE CARACAS Y LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA

AEA, 64, 2, julio-diciembre, 2007, 209-232. ISSN: 0210-5810

 

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mentos que sostenían al orden antiguo. Liquidada la desigualdad, abolidos

los fueros y suprimidas las jerarquías, no resultaba factible que los símbolos

de distinción, los privilegios, la hidalguía y el honor constituyesen factores

determinantes en la configuración del nuevo orden político y social

que postulaba la república, de manera que difícilmente, podía aspirar la

nobleza a ocupar de nuevo el espacio y las preeminencias que alguna vez

tuvo. La Independencia, más que modificar de manera sustantiva el estatuto

social de los sectores inferiores de la sociedad, alteró de manera irreversible

la hegemonía que ejercían los nobles en la provincia de Venezuela.

Podría afirmarse, entonces, que con la Independencia la nobleza se

extinguió física, política y socialmente. Físicamente, en la medida en que

una parte representativa de ella, como ya vimos, falleció antes, durante y

en los años inmediatamente posteriores a la guerra. Políticamente, porque

una vez concluida la contienda los nobles caraqueños no ocuparon de

manera exclusiva, predominante ni determinante las instancias de poder en

el nuevo estatuto republicano. Socialmente, porque se vieron en la situación

de admitir el ingreso a la cúspide de la pirámide social de los caudillos

de la guerra, gente del común, sin blasones, hidalguía, ni limpieza de

sangre y a compartir con ellos otro tipo de consideración social, la de próceres

de la Independencia, una nueva forma de estimación y distinción

construida por el orden republicano.

Sin embargo, no podría afirmarse de manera categórica que desaparecieran

de un golpe algunos de los valores y prácticas sociales propios de la

sociedad antigua. La nueva elite, compuesta por algunos de los sobrevivientes

de la nobleza, por antiguos y nuevos hacendados, comerciantes,

profesionales, ilustrados, propietarios y oficiales del ejército patriota, se

dispuso a construir las bases de un estado liberal, capaz de contener las tensiones

sociales heredadas de la disolución del orden anterior: se limitó el

ejercicio de la ciudadanía a los propietarios y hombres de bien, se mantuvo

la esclavitud, no se modificó la estructura económica de la sociedad, no

ocurrió un cambio radical en las condiciones de vida de la mayoría de la

población, no hubo un reordenamiento social más equitativo. Cada uno de

estos aspectos y muchos otros, expresión de la fortaleza y perdurabilidad

de aquel orden desigual, escapan a los objetivos y conclusiones de este

artículo, sin embargo constituyen asunto de atención para los historiadores

y materia constante de reflexión para los venezolanos del presente.

Recibido el 10 de marzo de 2006

Aceptado el 29 de octubre 2007

INÉS QUINTERO

232

 

AEA, 64, 2, julio-diciembre, 2007, 209-232. ISSN: 0210-5810

, Ediciones de la Presidencia de la República, Caracas,

tomo II, págs. 160-161.

34 Los aspectos relacionados con el movimiento juntista del año de 1808 están ampliamente

desarrollados en Quintero, Inés:

 

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